Miedo a los pinchazos.
6 Septiembre 2026 Santos: Nª Sª de Guadalupe, Zacarías, Donaciano, Eleuterio...
San Zacarías: Se conmemora hoy a Zacarías, uno de los profetas menores del Antiguo Testamento. Zacarías presenta a Dios trascendente y activo en el mundo y consuela al pueblo de Israel. Vive los tiempos del retorno, entre el entusiasmo de la reconquistada libertad y las dificultades de la reinserción en Jerusalén.
Francisco Tomás Ortuño
Murcia, domingo, sin novedad en casa, gracias a Dios. Incluso queremos ir a cenar a los Huertos del Malecón, con paparajote incluido. Vinieron Lina y Ana, de Amós y Pepa, y lo celebramos mucho, sobre todo el que lo cuenta, que las ve como a hijas.
PIENSA: -Tendemos a decir “Si mi hermano peca no es asunto mío.” Pero Dios razona de manera diferente.
- Todas las las ambiciones son detestables, excepto las que ennoblecen y estimulan a la humanidad.
- Para el hombre laborioso, el tiempo es elástico y da para todo. Solo falta el tiempo a quien no sabe aprovecharlo.
Sigo recordando:
18 julio 1986, viernes y temprano otra vez, sobre las 7:30 h de la mañana, en el estudio de dentro. Ayer hicimos muchas cosas. Fue un día lleno para contar. Si no lo reflejamos, lo más probable es que se borre de la memoria. Es la faceta importante de un diario.
Que pagué el coche -1.503. 800 pesetas- y que lo traje aquí ya casi no es noticia. Quede para el recuerdo que desde ayer está formando parte de la familia. Los cuatro hermanos nos reunimos ayer aquí para comer y eso no ocurre todos los días.
Amós no estaba muy conforme con vender la casa de los padres por 2.000.000 de pesetas y además pagar gastos de notaría. A ninguno nos hacía gracia, esa es la verdad; pero se impuso la sensatez y no hubo más que hablar.
Lo malo fue que el catalán venía sin dinero. Esto ya fue el colmo para Amós. Estalló como un trueno y quería irse a Cartagena sin más explicaciones. “Yo no firmo una escritura ante notario donde se dice que recibo un dinero sin recibirlo”. Llevaba razón. Por fin se acordó reunirnos de nuevo el 7 de agosto a las 12:00 h de la mañana. Hasta entonces un compás de espera.
Desde Jumilla salió mi carta certificada hacia Madrid en busca de Paco Bernal o don Francisco Javier Bernal Cruz. Le pido que me recoja unos libros -Fundamentos y A la sombra del Roalico- que envié a un ministerio.
Estos ejemplares, por escasos, no debo perderlos. De ellos seguiré sacando artículos para el periódico. La semana pasada publicó el Magisterio uno de estos escritos que mandé –“De nombres y tuteos” quiero recordar que se llamaba-. Con su publicación recibo una carta y un cheque dentro por valor de 1.500 pesetas.
Ayer hablé con Fina la mujer de Juan. La familia Valero no sube este año. ¿Que por qué? Porque la abuelita está en cama y no lleva camino de mejorar. Sin ellos parece el Roalico más solitario y más triste.
Hace cosa de un mes, Mari sufrió un derrame cerebral. Desde entonces está postrada en la cama sin hablar y sin conocer a nadie. Pobre Mari. Le deseamos lo mejor.
Estoy subiendo losas para la escalera que estamos haciendo. Los sábados vienen los albañiles y trabajan en ella. Va de la terraza de cemento a la cocina por la parte de los pinos.
Ángel y Miguel bajaron ayer del monte enormes piedras con la carretilla. Y por seguir contando, diré que ayer nos dimos el primer baño de la temporada en la piscina. El agua limpia, clara, apetitosa.
Qué por la mañana colocamos el toldo color butano, que le queda muy bien y da buena sombra. Pronto Santiago y Amós estuvieron sentados debajo, cuando más calor hacía.
Creo que se va disponiendo el verano para disfrutarlo en profundidad. La mamá va y viene con su pantalón corto, que no le queda mal. Por detrás parece un campista y por delante un ama de casa satisfecha. Será porque tiene con ella el sueño de su vida: los 5 hijos.
Lina tiene deberes que hacer; pero el gato que trajo color canela, pequeño y saltarín, no la deja. Miguel y Lina, con el gato y la piscina, tienen bastante. Hay que llamarlos para comer, para trabajar, y para lo que sea.
Ángel no se ha definido aún. Francisco Amós tampoco. Pascual Jesús se levanta pronto y va a la fábrica de su tío. Poco a poco iremos hablando de los quehaceres que nos entretienen y de los hechos que nos ocurran.
Creo que poco cambia todo de un año a otro. ¿O sí? Como las fotos, comparando estos escritos, quizás descubramos cosas nuevas en nosotros. Como las sombras del atardecer, todo cambia sin darnos cuenta.
Como el Lucero brillante que sale por el picacho y callandito se pierde más tarde. Ángel me dijo anoche que se trataba de Saturno.
Francsco Tomás Ortuño
19 julio 1986. Siete a. m. con el sol saliendo por mi izquierda. Ayer sin duda fue el día de Ángel, el día negro de Ángel Inocencio. Que fuéramos todos a bendecir el coche nuevo a Santa Ana, no tuvo importancia.
Que viniese con nosotros Ana Isabel a bañarse y a quedarse a dormir tampoco. Que empezáramos a trabajar en el muro nuevo de los pinos, no pasa de anecdótico para el recuerdo.
Lo de Ángel acaparó la atención de todos y dejó en la nombra los demás acontecimientos de la casa. ¿Pero qué ocurrió con Ángel?. Por la mañana después del baño, se llenó de granos su cuerpo, toda la geografía de su piel, por arriba y por abajo, por delante y por detrás.
Como habones de picaduras de mosquito, cómo salpullido, cómo sarampión. Francisco Amós gastó su broma: una legión de mosquitos aterrizó en la piel de Ángel.
Mamá pensó seriamente en un corte de digestión. Bajé con él a la Casa de Socorro. El médico, que no atendía estos casos sino otro tipo de accidentes, según dijo, pronosticó una alergia a algún producto que llevara el agua de la piscina. Les recetó un antivirus histamínico, creo que se llama, para bajar la hinchazón y la picadura. Como remitían éstas nos subimos al chalet sin inyectar lo prescrito.
Por la tarde aparecieron de nuevo los granos en el cuerpo de Ángel con más rojez y virulencia que por la mañana. Así las cosas, viendo que la noche iba a ser de graves preocupaciones y temores, volvimos al pueblo a buscar a un médico.
Enfrente del Marqués hay una clínica que funciona las 24 horas del día. Nos atendieron fenomenalmente bien. Creo que esta clínica funciona para Muface y otros seguros.
Enrique Jiménez ex alumno de Pascuala y conocido, nos atendió enseguida. Restó importancia a los picores y revoltosos habones angelicales y ordenó que le pusieran enseguida un par de inyecciones intramusculares aparte unas pastillas y unos polvos. Se trataba según dijo de una intoxicación de tipo alérgico de algún alimento.
Aquí empezó la segunda parte del drama. Cuando le puso la inyección el practicante, como ocurriera otra vez casa de José Simón, se cayó redondo al suelo como muerto. El susto del practicante Luis Martínez, fue mayúsculo. Nos llamó a grandes voces y estaba más blanco que la pared cuando entramos el médico y yo.
Ángel abrió los ojos como despertando de un sueño, se levantó del suelo y preguntó qué ocurría. Contó el galeno que su situación no tenía nada que ver con las otras lipotimias, que era solo miedo cerval a los pinchazos, como él lo tenía a las araña, que se manifiestan así, con desmayos y pérdidas de conocimiento.
Lo cierto es que Ángel por la mañana se opuso a ser pinchado antes de ir al médico Por la noche dijo que si iban a ponerle la inyección, que al nombrar el médico lo del pinchazo se puso nervioso.
Puede ser un miedo patológico en el subconsciente lo que produce estos sustos. Lo malo fue que de regreso a casa, a las once de la noche y en el Pasico de San Pascual, me dice que pare el coche.
Pienso que se marea o que quiere vomitar. Yo detengo la marcha y Ángel que se desmaya de nuevo, dejando la cabeza en el respaldo sin sentido. Me asusto de nuevo. Doy la vuelta al coche como pude y enfilo de nuevo a la clínica.
Ángel despierta pronto y hablamos de lo sucedido. Está blanco y sudoroso. Dice que tiene sueño. Solo quieres dormir. El médico le toma la tensión y lo ausculta minuciosamente. Tension normal, pulsacionesnormales. no tiene nada.
Y esos labios amoratados, ¿no será bueno unas gotas de coramina ¿nada de coramina?
Eso es perjudicial y ya no lo usamos hoy, me dice.
Volvemos a casa, Ángel tiene sueño, quiere descansar. Todos esperan nuestra voluntad levantados.
Le ha mandado descanso, no le habléis ahora. Ángel se acuesta. Los demás se acuestan. Yo me quedo en la terraza. Hay luna creciente arriba entre nubes que se mueven mucho.
Sobre las dos bajo a ver cómo duerme. Está tranquilo y se remueve al tocarle.
- ¿Cómo estás?
- Bien, ¿qué hora es?
- Muy temprano, sigue durmiendo.
- Hasta mañana, me dice. Ahora duerme profundamente.
Francisco Tomás Ortuño
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