Acutis.
5 febrero 2.026 Santa Águeda Año: 36 – 329 ; Sol: 8´20 a 18´38; Luna: 27´48 a 10´24 del viernes.
Murcia, jueves, temprano, con 92 abriles, 7 meses y 5 días, pero bien, gracias a Dios y a algún Santo que intercede por mí.
SAN CARLOS ACUTIS (¿lo cococes?.- A los 15 años Carlos Acutis fallecía a causa de una leucemia fulminante, dejando un vacío profundo y una gran admiración por su testimonio de vida cristiana.
Desde su primera comunión a los 7 años, Carlos nunca faltó a la Santa Misa diaria. Carlos cambió la tecnología por la espiritualidad convirtiéndose en un joven admirado por todos.
Decía estar siempre unido a Jesús. “Ese es mi proyecto de vida”. Con estas pocas palabras, trazaba el rasgo distintivo de su breve existencia. “Nuestra meta debe ser el infinito, no lo finito”.
“El infinito. es nuestra patria. Desde siempre, el cielo nos espera”. También afirmaba: ”Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”.
Destacando que “Nuestra brújula siempre debe ser la palabra de Dios y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, a la que consideraba la autopista hacia al Cielo”.
Era un experto informático, con habilidades en programación, creación de sitios web, redacción y maquetación. Ofreció su sufrimiento por el Papa y la Iglesia dejando un legado de fe y servicio.
Francisco Tomás Ortuño.
5 marzo 1991, viernes, meteorológicamente el día se distingue por el viento, viento huracanado que brama como lobos, un viento que no se conocía por estos pagos o latitudes.
En cambio, anoche calma total. Lina y yo fuimos al barrio de San Basilio a presenciar el Certamen Nacional de Tunas. Tunas a mogollón con sus guitarras y panderetas, con sus trajes y sus canciones.
Uno de los tunos parecía más un payaso de circo. Era un saltimbanqui fenomenal. Para mí que se pasaba en su papel. Y es que en todo existe el punto justo. Pasado el mismo, se deteriora.
Yo le hubiera dicho al titiritero: “Tus habilidades son manifiestas pero excesivas”. Daba volteretas, saltaba, corría, subía y bajaba del escenario, se acostaba, se levantaba. Era un remolino, como un globo que se deshincha, como una carretilla…
Con la pandereta se daba en la cabeza, en los pies, en el trasero, en los muslos, en la barbilla… Hacía estar al público más pendiente de él que de la propia canción. Podría haberse llamado la tuna del mono titiritero.
Cuántas aplicaciones en otros campos, porque no llegar es malo, pero pasarse es peor: en la comida, en el hablar, en todo debemos saber llegar y no pasar de ahí. Rebasarese es estropear lo bueno que hayamos hecho o dicho.
¿Cómo influye el viento en nosotros? De muchas maneras: a unos disloca su mente, a otros los acelera con frenesí, a otros les hace ir de acá para allá sin sosiego… los psiquiatras lo sabrán mejor.
-¿Qué le ocurre? -Siento que no soy el mismo.
-¿Y a usted? -No puedo dormir.
-¿Y a usted? -Estoy colérico en extremo.
Y así un rosario interminable. El médico sabe que en tales casos lo mejor es un placebo y esperar a que el viento amaine, que la calma resurja.
Francisco Tomás Ortuño
El viaje de ayer a Jumilla fue de los que no están previstos. De esos que se organizan de pronto por un motivo inesperado. El domingo -por hoy- iremos a llevar a la Yaya y a traernos las placas solares.
Parece que hay comprador. Todo estaba organizado así, cuando de pronto surgió la noticia. Y es que el hombre propone y el cielo dispone.
- ¿Y cuál fue la noticia?
- Miguel ha muerto.
- Pero, ¿qué Miguel?
- El padre de Miguel Ángel, compañero de Ángel en Valencia.
-¿Cómo ha sido?
- De un infarto.
Adelantamos un día para asistir al entierro.
Por la noche, ya aquí, Pascual y yo fuimos a ver desde la terraza el fenomenal castillo de fuegos artificiales. Eran las dos de la madrugada y se ponía fin a los desfiles del entierro de la sardina y fiestas en general por este año.
Creo que han sido las fiestas más sonadas de la historia. Por la tarde a la vuelta de Jumilla, nos vimos negros para arribar a casa, entre miles de coches y autocares que entraban a la ciudad.
Miguel Ángel y Ángel bien podían contar de estas fiestas, pues las están viviendo a tope tanto de día como de noche. Mañana se volverá a la normalidad: cada pájaro volverá a su nido: unos a la Uni, Ángel a Valencia, mamá a sus clases, y yo a mi CEP.
¿Por cuánto tiempo lo del CEP? Un par de cursos más. Antonio Torrecillas me dijo ayer que se jubila. Lo mismo que Juan José y otros compañeros.
La jubilación, por mucho que digan que viene de júbilo, es preocupante. Esperanza dirá cualquier día: he pensado jubilarme. Tomás Ruiz Cánovas también me dijo que se jubila. Los últimos de filipinas.
Me encuentro en la terraza. Será quizás el comienzo de una serie de subidas aquí. El panorama es soberbio y la paz enorme. Solo de vez en cuando leves ruidos de lejanos coches y el piar de algunos pájaros que pasan cerca.
Son las siete de la tarde, espléndida tarde abrileña murciana, que no tiene parangón con nada en el mundo.
Francisco Tomás Ortuño
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