Discurso de jubilación.

   14 septiembre 2026  Santos: Materno de Colonia, Pedro de Tarantasia, Gabriel Taurino, Notburga, Víctor, Sabastia, Crescencio…

San   Crescencio: De noble familia romana, fue bautizado con sus padres. Durante la persecución de Diocleciano se refugió en Perugia dónde murió el padre. De regreso a Roma,  Crescencio fue decapitado por su fe cristiana. En 1606 se trasladaron a Tortosa algunas reliquias suyas.

                                   Francisco Tomás Ortuño


   PIENSA: -Antes de que la luz del Sol pueda brillar a través de la ventana, deben levantarse las persianas.

 - Uno está enamorado cuando se da cuenta de que esta persona es única.

      -Todos los hombres tienen iguales derechos a la libertad, a su prosperidad, y a la protección de las leyes.

     Murcia, lunes, sin novedad en casa, gracias a Dios.


     He encontrado en un libro unas hojas que escribí y dediqué en su día  a una compañera cuando se jubiló:

       A una compañera en su jubilación: “Querida Amparo: el otro día me dijo un amigo que te habías jubilado y que los compañeros te preparaban un homenaje.

   Me sumé encantado al mismo, desde el primer momento.  Me vas a permitir unas palabras por la experiencia que llevo ya de jubilado, por si te sirven de ayuda.

   Si te cuento cosas en primera persona es por no involucrar a otros que hayan pasado por el mismo camino que tú inicias ahora.

   Entraste como Parvulista -hoy diría Profesora de Educación Infantil- en el Colegio ”San Andrés” cuando yo.  Tus compañeras de párvulos eran Delia y Pepita.

   Estaban, también, en el Colegio: don José, doña Mariana, don Antonio Molina, don Ildefonso, don Salvador Ortiz, doña Serafina, y alguno más. Luego se incorporaron de otros Colegios José María, Jesús, Milagros… todos maestros estupendos.

   ¡Qué poco trabajo tenía el Director con semejante plantilla de Profesores! ¿Qué podía añadir a unas maestras como vosotras -Amparo, Pepita, Delia- que vivían y gozaban con su trabajo y lo hacían como los propios Ángeles?

   ¿Qué podía decir a don Francisco Sarabia, que había creado una biblioteca pidiendo libros a centros comerciales, sino poner su nombre a la misma en un acto solemne? ¿Qué podía añadir a don Salvador Ortiz, que quería a sus alumnos como a hijos propios, y que luego consiguieron del Ayuntamiento que una calle de Murcia llevara su nombre? ¿Qué a don Ildefonso, director que había sido y conocía el barrio como nadie?

   El aula tuya, Amparo, estaba en la planta baja. Lo recuerdo bien. Eras   tan joven y tan mona que parecías una alumna de Séptimo, a lo más de Octavo curso. Un día te puse en la pizarra “Amparo, eres un sol”. Era una broma, pero me salió del alma. No sé si llegaste a leerlo o si supiste quién lo había escrito.

   Quedó en eso mi atrevido piropo, que iba dirigido, como es natural, a la Maestra que era Amparo y a la Clase alegre, extraordinaria, que conseguía.

   Con aros de colores y cartones en el suelo los niños y niñas jugaban y aprendían. Yo pensaba en Maria Montessori, pedagoga que estudié en mis libros, de la primera mitad del siglo XX, que intentaba desarrollar en los niños la educación de los sentidos. Cuando sus alumnos abrochaban botones decía que estaban aprendiendo a escribir.

   ¡Qué felices nos hacen los alumnos luego, Amparo, recordando sus tiempos escolares! Te cuento: Mi primera escuela fue en un pueblo de Teruel. Tenía yo 20 años y allí pasé solo dos Cursos. De alumnos de entonces recibo felicitaciones por Navidad. Hasta uno me mandó un vídeo con la boda de su hija. ¿Qué digo? Hasta vino a verme, hace poco de Zaragoza, donde vive, y me trajo cuadernos de nuestra Escuela.

    Seguro que luego te dirán a ti también: “Doña Amparo, yo fui alumna suya, ¿se acuerda de mí?”. No sabrá que los alumnos que tenemos quedan grabados en nuestra alma, en nuestro corazón, que los recuerdos son hilos conductores del pasado.

   Cuando dejé el Colegio, Curso 1986 - 87 eran momentos difíciles, delicados. El cambio a la Democracia afectó, sin duda, a los Centros docentes. Yo escribí un libro, que titulé “Verano 86”, donde recogía estos momentos para recuerdo de mis hijos.

   No fue decisión mía dejar el Colegio, Amparo, fue por “imperativo legal”, como dijeron ciertos diputados luego, para acatar la Constitución, cuando tomaron posesión de sus cargos.

   La jubilación, Amparo, es larga y jubilosa -de ahí su nombre-. Pobre del que se cruza de brazos porque no le queda nada por hacer. Hace unos meses, en junio, celebré con mi familia -mujer, 5 hijos, 13 nietos- mis primeros 80 años. Al día siguiente cogí el coche y solo me fui a Alicante a bañarme en el Portiguet, frente al hotel Meliá.

   Quise decir a mis hijos, sin palabras, que a los 80 años, hoy, se pueden hacer cosas inconcebibles antes. Así, que tienes camino por delante. Llena tu tiempo, Amparo, con la familia, con tus grandes aficiones. Haz lo que siempre habías deseado y te faltaba tiempo. No des lugar a que la ociosidad te pueda.

      A mí, por ejemplo, me dio por escribir libros con experiencias de mi vida profesional: Don Quijote para niños, Gramática fácil, Libro de dictados… Y a mis 75 años hice el doctorado en lengua española.

   Que seas muy feliz, Amparo, en la nueva etapa que inicias. De corazón te lo desea tu compañero

                                       Francisco Tomás Ortuño

   DE MIS POESÍAS RESCATADAS:   Consejos

     La vida, corriendo,

    se pasa volando,

   y de ella no vemos

   más que lo pasado.

 

  Viviendo la vida,

   tan ciegos andamos,

   que nunca sabemos

   qué encierra otro paso.

 

    Por tanto, no quiero

   consejos de sabios,

   pues nadie conoce

  lo que no ha llegado.

              F. T. Ortuño.

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