Anticuario.

 1 Septiembre 2026  Nª Sª de los Ángeles, Josué, Sixto, Terenciano, Victorio, Constancio, Lupo, Prisco, Vicente, Verena, Egidio, Nª Sª de la Cinta…

     San Josué.- Como Abraham y Moisés, también Josué, además de ser un personaje histórico, ha sobrevivido como símbolo. Forma el héroe que conquistó la Tierra Prometida. Josué ocupa todos los papeles y misiones de la acción en Canaán. Junto a él siempre está presente la poderosa mano de Yahvé.

                                         Francisco Tomás Ortuño


   Del presente: 244 días pasados y 121 sin pasar. El sol sale a las 7´42 y se va a las 20´47 de la tarde. La luna sale a las 22´38 y se va a las 13´33 de mañana . Cuarto menguante: el 4 en Géminis.

   Murcia, martes, sin novedad en la salud, gracias a Dios.


   PIENSA: -Cuando tienes miedo pero lo haces de todas formas, eso es valentía. Neil gaiman.

  - ¿Estás en un atolladero? No desmayes. Toma la mano de Dios. No hay dificultad que juntos no podáis superar.   San Josué

  - Jamás desesperes, ni con sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecunda. Proverbio chino.

   Orar por la creación.- La Jornada Mundial de oración por la Creación marca el comienzo del tiempo de la creación, que se prolonga hasta el 4 de octubre, festividad de Francisco de Asís.

   Los cristianos de todo el Mundo, nos unimos en un canto de alabanza al Creador. Es tiempo de orar con y por la Creación. Es una invitación al compromiso con el cuidado de la Casa Común.

                                    Francisco Tomás Ortuño


   19 de agosto 1985.- Lunes, la fiesta pasó como todo en esta vida. Para muchos con recuerdos gratos, para otros, ni recuerdos. Los mismos hechos se graban de distinta forma en las personas.

   Cada cual contará de la fiesta según le fue en ella.  Los amigos de Pascual Jesús se fueron esta mañana a Murcia. Esperemos que para ellos la recuerden con agrado.

   ¿Cómo lo habéis pasado?, les pregunté.

   -Muy bien, dijeron lacónicos y sonrieron.

    Poco explícitos, los jóvenes. Entre ellos, la mirada es elocuente. Se comprenden sin hablar. Para mí y para los mayores en general, resulta difícil saber qué quieren decir.

   Si no les dirigen la palabra, te esquivan y se apartan con olímpica indiferencia. Ay, los jóvenes, hasta los hijos, creo que te esquivan.  Les diría: tenéis una piscina para bañaros, una moto para pasear, ropas para poneros, agradecerlo al menos con una sonrisa.

   Pero ellos piensan quizás que es obligación de los mayores proporcionarles estos lujos y estas atenciones. Los padres se conforman con poco. Tal vez con una palabra,  saber que existen. Solo eso. Es un mínimo que la naturaleza paternal reclama como una exigencia vital.

 

   Es la primera vez en mi vida que trato con un anticuario.  Esta mañana, por esas raras casualidades de la vida, tropecé con un señor que compraba cosas antiguas.

   Vino con nosotros a la casa de los padres. Ha recorrido las habitaciones, bodega, patio… Me interesan los marcos de los cuadros que cuelgan de las paredes, dijo.

   Luego, Pascuala apartaba justo lo que más quería el anticuario.

   Y ese espejo.

   No. el espejo no se vende.  Hubo palabras y ofertas.

   La prensa de la bodega se la compro.

   Lo consultaremos con los hermanos.

   Y esa mesa de despacho. Los anticuarios buscan con los ojos y llegan pronto donde quieren. Saben distinguir lo que no tiene valor de lo que ofrece interés, con matemática precisión. Su vista tiene imán. Son sus ojos omo linternas en la oscuridad. Se disparan en muchas direcciones en fracción de segundos.

   Quiero ese jarrón, ese mueble y esos marcos. No falla. Tienen una habilidad especial para detectar lo bueno. El profano como yo observa al experto atentamente en sus movimientos y en sus gestos de profesional.

   Siente curiosidad por cuanto acapara su atención. ¿Qué tiene este objeto que no suelta y que valora sobre los otros de su especie? ¿Qué encuentra en ese otro que yo no veo?

   La puja es otro capítulo interesante: 1.000 pesetas por ese cuadro.

   No, precisamente ese cuadro me gusta a mí.

   Señora, le dijo a mi mujer, usted se quiere quedar con todo lo que yo aparto.   

  2.000 pesetas.

   No quiero desprenderme de ese cuadro.

   Con el cuadro y el espejo le doy 5.000 pesetas.

   No insista.

  Mi última oferta: 6.000 pesetas por los dos.

   Es curioso ver trabajar a estos hombres. Termina uno por no saber si lo que dejan por chatarra es oro de ley o viceversa. Ya solo cuenta su palabra, la mirada, la apreciación del anticuario, que se convierte en dueño y señor de tu pensamiento y de tus propiedades. Hay una especie de hipnosis en estos casos tan real,  tan firme, como pueda haberla con profesionales de hipnotismo.

                                      Francisco Tomás Ortuño

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