¿Qué hiciste, Ocaña?

 26 de Julio del 2.026  Santos Joaquín, Ana, Simeón, Bartolomea, Jorge, Tito, Angelina, Olimpio, Valente…

   San Joaquín y Santa Ana. Los nombres de Joaquín y Ana, padres de María según la tradición, solo aparecen en la literatura apócrifa. En el Protoevangelio de Santiago, relato que se propone fundamentalmente glorificar a la hija, encarna las figuras del hombre justo y de la mujer estéril, bendecidos por Dios.

                                     Francisco Tomás Ortuño


   Murcia, domingo, sin novedad en la familia, gracias a Dios. Ayer Pascual  cambió la lámpara del comedor por otra giratoria que quiso Lina. Los incendios, por calor o por pirómanos, se multiplican últimamente en toda España. ¿Serán debidos al cambio climático que pronostican algunos?

   PIENSA: ¡Cada día es una nueva oportunidad para levantarse y hacerlo mejor que ayer!

   SIGUE PENSANDO:  Un jefe genera miedo, un líder, confianza.

   MÁS: Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente el que  pedimos.

   -Vende lo que te sobra y compra lo que necesitas. Mateo 13, 44-52. Esta parábola nos sitúa frente a las verdaderas motivaciones de la vida de fe.  

   Podemos habernos acostumbrado a ser cristianos como el niño rico, que saturado de juguetes y falto de imaginación se aburre.

   Podemos conformarnos con lo que hemos hecho siempre y no correr riesgos, como quien coloca sus ahorros a plazo fijo.

   20 mayo 1.994: ¿Qué hiciste, Ocaña?

   Triste final para un ídolo. No está bien. Que se muera por enfermedad, a nadie sorprende; que se muera por viejo, a nadie asombra. Su recuerdo queda intacto o acrecentado. Pero que, cobardemente, se quite la vida de un tiro, deja mal sabor de boca en aquellos que lo admiran.

   No tienen derecho a tomar semejante decisión. Me estoy refiriendo a Luis Ocaña, el gran ciclista, o a Urtáin, boxeador vasco de hace también unos pocos años.

   Quienes triunfan en algún deporte, descuellan en una ciencia, sobresalen en política, o se distinguen ante los demás en cualquier aspecto de la vida… quienes se dejan ver y admirar como estrellas rutilantes en la noche, que sin duda, hasta sin pretenderlo, van a ser imitados por jóvenes y mayores, no pueden disponer, así como así, de sus propios actos.

   Se deben, en parte, a los demás, a quienes los contemplan, los adoran, y los imitan. Escuchar que Ocaña se ha suicidado, deja tan mal sabor de boca como indignación y rabia.

   No es justo romper la ilusión que había creado en tantos compatriotas y foráneos, en tantos admiradores de la bicicleta, pagándoles con salivazos sus aplausos, como con desprecio. No tenía derecho a obrar así con los que habían hecho de él un ídolo,un mito, un semidiós.

   La vida pública de los famosos no es de ellos, y, por tanto, deben respetarla como algo sagrado. Las dos muertes de ayer son bien distintas: Jacqueline Kennedy, la novia de América, muere de cáncer; Ocaña, el que fuera campeón del ciclismo mundial, se suicida.

   Dos mitos, dos muertes y dos juicios diferentes para la humanidad. A quienes no tienen en cuenta a los otros, ya sean políticos, actores o músicos, estas personas que acaban mal siendo ejemplos a seguir, tienen ya el baldón y el desprecio de por vida.

   No pagan con la cárcel o la burla ajena. El mal que hacen es irreparable. Quienes suben al podio de la gloria, al lugar preeminente de los altos cargos,   los que triunfan, tienen la santa obligación de ser ejemplares. Si quieres, es la servidumbre de su gloria, de su poder, de su popularidad.

   Ocaña sigue, con su mal ejemplo, la larga lista de Marilyn Monroe, Urtáin,  Roldán o Rubio. Ejército de derrotados, de basura, que no debieron nunca haber ocupado un protagonismo que no se merecían.

                                        Francisco Tomás Ortuño

Comentarios

Entradas populares de este blog

Admirose un portugués.

Doña Rita.

Acutis.