Hambre.
31 Julio 2026 Santos Demócrito, Dionisio. Tertuliano, Elena,, Justino, Ignacio, Germán…
San Ignacio de Loyola: Ignacio de Loyola (1491- 1556), fundador de la Compañía de Jesús, es uno de los Santos más universales que existe. Hombre apasionado y activo, Ignacio fue militar, antes de experimentar una conversión, que le llevó a la búsqueda de Jesucristo y a un empeño de renovar la iglesia de su tiempo. Fue canonizado en 1622.
La vida de los Santos es una continua pregunta a Diós: Señor, ¿qué quieres que haga? Y cuando oyen la respuesta la cumplen generosamente.
Ignacio de Loyola, en 1524, estando en Venecia, entendió que era voluntad de Dios estudiar algún tiempo para poder ayudar a las ánimas. Y determinó ir a Barcelona.´
Sabe que las grandes obras requieren principios que es preciso soñar pisando tierra. es un idealista eficaz.
Después de duras dificultades, llega a Barcelona donde solucionado el problema económico con 3 amigos que le dan gratis cama, sustento y lección, se entrega al estudio entre muchachos de 10 y 12 años.
No debió de costarle poco, ya que tenía 33 años. Aquí, en estos bancos de la escuela, empezó en lo humano la Compañía de Jesús. En lo divino fue obra de Dios, que encontró en Ignacio un dócil instrumento.
Francisco Tomás Ortuño
Murcia, viernes, fin de Curso para Lina, mañana nos vamos a Santana si Dios quiere. Del año: 212 días idos por 153 sin ir.
Jumilla, Santana, en la jaula, con Sara maullando queriendo entrar. Ella no comprende que la deje fuera. Pero yo quiero estar solo, oyendo sus maullidos, pero con una tela metálica en medio.
Con ella no puedo escribir: se me sube encima y me pisa el cuaderno. ¿Será un símbolo mi gata? ¿Querrá decirme que no sirve para nada mi escritura? Tal vez, pero si es así, ¿cómo decirle que si escribo es porque quiero?
Ella no podría hacerlo nunca. ¿Será envidia? ¿Será que ella quiere escribir y al no poder no quiere que yo escriba? Porque la envidia es eso: no querer para los otros lo que yo no puedo tener.
Mira que si fuera envidia. Pero no, Sara no tiene envidia, es que quiere estar conmigo rozándome, quiere cariño, pero envidia no, ella no sabe lo que es nvidia.
En cuanto a querer decir que lo que escribo no sirve para nada, pues tampoco. Ella hace lo que hace y yo lo interpreto a mi modo. Si no escribiera no habría podido dedicar mi libro de Don Quijote a las amigas que estuvieron aquí con nosotros ayer.
A cada una de las siete les dediqué mi libro: “A nuestra amiga Isabel, Aurelia, Carmen… recordando el buen día que pasamos ayer en Santa Ana”. Si no escribiera no podría transformarlos en libros después. Que una vez te gusten más que otras los partos, es indudable , que no son estos como los hijos para los padres, que todos son buenos.
Hoy estuve con la duda de si saldría algo de mi cabeza o si no saldría nada. Estaba poco alumbrador. He pensado en los que viven del oficio en los periódicos y se vean así, con las manos en la cabeza, el boli entre los dedos y sin pesca a la vista: solo agua por todas partes, sin un necesito a la vista.
Entonces sigo la máxima ciceroniana de “suéltese el bitoque y el líquido saldrá solo”. Hoy hemos pasado por el almacén, cerca de las tejetas, donde el abuelo guardaba sus cofines.
He visto por primera vez que ya no existe el almacén que construyera con ilusión el abuelo por el año 50 del siglo pasado. Todo acaba. La zona se ha llenado de casas. Enfrente sigue la bodega de Cutillas.
He hablado con el hombre que nos puso la cubierta azul de la piscina, hace unos años. Vendrá a ponerle agujeros para que no retenga el agua cuando llueve. Y he hablado con Martín, hermano de Pedro, para que obre en el aljibe, que se sale por alguna parte.
En la residencia de ancianos, mientras que mamá oía misa, he conocido a una familia búlgara en la puerta. Una se hacía entender en español. Me ha dicho que su marido trabaja, gana poco y tiene que pagar un alquiler. Les he dado €5.
¿Por qué han salido de su tierra? les he preguntado. Más con la vista que con la boca, me contestan: hambre.
Francisco Tomás Ortuño.
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