Plumíferos.
14 Junio 2026 Santos Eliseo, Valerio, Prote, Rufino, Anastasio, Fortunato, Metodio, Cándida…
Anastasio, presbítero, Félix, monje, y Digna, virgen, murieron el mismo día. Anastasio, decapitado por confesar su fe cristian ante los jueces musulmanes. Con él murió Félix por profesar la fe católica y la vida monástica. De igual modo, Digna, condenada por haber reprendido al juez por lo ocurrido,
Francisco Tomás Ortuño
De este año 2026:165 días volaron y 200 por llegar, si Dios quiere.
-Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios en quien confío-.
Murcia, domingo, sin novedad de males en casa, gracias a Dios.
A PENSAR: No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se sienta. B. E.
SIGUE PENSANDO: El miedo es el más ignorante, el más injurioso, y el más cruel de los consejeros.
MÁS: La urgencia misionera de Jesús nace de la compasión, del anhelo que siente de salir al encuentro de la gente, cansadas y abatidas.
Cuando envía a sus discípulos, no lo hace para que convenzan ni conviertan a nadie, sino para que repartan con generosidad gestos y palabras que restauren la vida y la dignidad de las personas.
No somos enviados a llenar templos, sino a realizar las mismas obras del Señor en el seno de nuestras relaciones y ocupaciones cotidianas.
¡Cuántas personas, heridas por la soledad, esperan ser atendidas; cuántas muertas de hambre necesitan que nos comprometamos en la construcción de un mundo más justo!
¡Cuántas marginadas por lepras y demonios contemporáneos desean que la iglesia dé pasos de inclusión real! Lo que está en juego es el crecimiento del Reino. No podemos guardarnos lo que cada día recibimos gratis.
Francisco Tomás Ortuño.
Los plumíferos.- 18 agosto 1984, sábado. Hace unas horas, a la una de la madrugada, tomábamos café con turrones y pastas casa de Antonio Valero. Vinieron a dormir aquí María de los Ángeles, María Elena y Javi, por eso de los muchos invitados.
Hemos bajado al pueblo Ángel y yo por provisiones y hemos vuelto cuatro, los susodichos más Pascual Jesús y Paco Cervantes que han dormido casa de la yaya Isabel. Francisco Amós subirá más tarde con la moto. El piano le obliga a quedarse unas horas más.
A la vuelta observó con estupor que el abuelo no está en la casa. Amós ha venido de Cartagena y se lo ha llevado a comer en su casa. Luego volverán, esta tarde, quizás, después de la fiesta de las carrozas.
Ángel juega con Lina, muy cerca de donde escribo, a ”La isla del diablo” que compramos a Miguel. Pascual Jesús y Paco Cervantes parten tortas de gazpachos en la cocina.
Miguel corre por el monte con Javi y con Guillermo. La piscina, como una invitación muda, aguarda que sea la hora de bañarse.
He hablado con el tío Roque sobre mi comentado artículo “Jumilla a mitad de siglo”. Me confirma que ha sentado mal en la familia lo que escribí sobre Ovidio.
La mejor política es perder con el adversario. La inteligencia está para algo: dales la razón y verás que dicen: “Bueno, no es para tanto, la verdad es que no ha sido tuya la culpa”.
Sí, es culpa mía, por escribir esas cosas del tío. No debí nunca hacerlo, -continuas.
En realidad, cuanto se dice cierto, oyes que responde el otro.
Pido perdón a cuantos haya ofendido, sigues tú.
Y para terminar, escuchas asombrado, casi pidiendo disculpas: “Bien, no es para tanto”.
Los plumíferos deben cuidar mucho lo que vierten sobre el papel. Es delicado contentar a un público. El profesional del periodismo debe ser imparcial, objetivo.
No hace mucho el Gobierno regional de Murcia, se vio vapuleado por los periodistas. Costó el cargo entre otros al líder socialista Presidente de la Comunidad Autónoma, Andrés Hernández Ros.
¡Cuántas amenazas habría, intentos de soborno, formas de silenciarlos! Me imagino que estos informadores estarían acosados para que se olvidaran de que existían estos gerifaltes.
El primo de mi mujer, García Martínez, redactor jefe de “La Verdad”, se ocupó en su día de los sueldos de los políticos y expuso al respetable con pelos y señales los ingresos de todos y cada uno de los gobernantes de turno. Me figuro que tendría, asimismo, ofertas y amenazas para que callara.
Es tentador el tema que me ocupa. Digo antes genéricamente “plumíferos” a los que viven de la pluma. Pero sin duda que hay diferencias sustanciales entre ellos.
Unos se limitan a escribir novelas, otros teatro, otros cuentos o poesías. Para estos no existe ningún peligro: o venden o no venden libros, o se aceptan o no se aceptan sus obras, o consiguen o no consiguen premios en Concursos literarios, pero ahí termina su historia.
Otros más atrevidos, más valientes, buscan temas tabú - religiosos o políticos- y atacan frontalmente ideas que se llevan, creando virulentas polvaredas en la sociedad.
Y, por fin, los que escriben diariamente en los periódicos, trayendo a los curiosos ciudadanos las noticias, los que más expuestos quedan a la cifra de los que se sienten o se creen atacados.
El periodista debe limitarse a exponer hechos, no a opinar sobre los mismos. Esto es blanco y esto es negro, como el comentarista de un partido de fútbol, no las consecuencias o los motivos.
La casa tal se ha hundido y basta. El Rey ha recibido la visita de don fulano. Pero no meterse a opinar sobre su conveniencia ni a provocar actitudes.
Los más son un tanto tendenciosos y con su pluma inclinan a la opinión pública a que piensen de esta o de la otra manera. A éstos la vida se les pone difícil.
Hoy hay pocos escrúpulos en hacerlos desaparecer de la vida política, con artefactos o secuestros, y ellos, los periodistas, conocen estos peligros y estos riesgos de la profesión.
Francisco Tomás Ortuño.
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