Mi amigo Perico.
20 Junio 2026 Santos Metodio, Gobano, Florentina, Silverio…
San Juan de Matera (1070 – 1139) Es llamado también de pulsano porque fue fundador de la orden de los Pulsaneses, en el monte Gargano.
El ideal de santidad propuesto por Juan de Matera fue el de un Santo como guía monástico, manifestado con el atractivo de su palabra, en perfecta obediencia a la regla benedictina.
Francisco Tomás Ortuño
PIENSA: Con la venda de los ojos, me hice un lazo en el pelo. Ahora estoy más guapa y menos ciega. Sara Búho.
SIGUE PENSANDO: Estemos siempre a punto para contradecir sin obstinación y para dejarnos contradecir sin irritación. Cicerón.
Y: ¿Sabía usted que… ¿En Grecia las reuniones de recepción con comida y bebida se llamaban simposium? Aunque hoy utilicemos la palabra para referirnos a una reunión de expertos sobre un tema concreto, no siempre ha sido así.
En la antigua Grecia, el anfitrión era el simposiarca, y los asistentes, solo hombres, los simposiastas. Los asistentes se reunían en una sala, recostados en cómodos divanes, donde comían con los dedos, bebían, cantaban juntos, y se debatía sobre temas de filosofía, política, poesía o cotidianos.
La palabra sumiller, procedente del francés sommelier, se refería a la persona que conduce animales de carga. Era el funcionario encargado de transportar los suministros con animales de carga en los viajes de la corte. Despues sería el funcionario que se encargaba de los víveres y todo lo relacionado con la comida. También dependía de él lo relativo a la mesa: mantelerías, cubiertos, elegir el vino, el pan y el postre, así como guardar la ropa y los utensilios de mesa y orientar al comensal.
Hoy es la persona experta en vinos, cavas, licores y aperitivos y la encargada de crear la relación ideal entre el consumidor los vinos y los platos que ofrece la casa.
Francisco Tomás Ortuño
23 agosto 1984, temprano, el sol quiere salir pero una nubes se lo impide; hace fresco y viento, como siempre por estas fechas. “Por agosto, frío al rostro” dicen el refrán.
Todos duermen, o por lo menos permanecen en sus posiciones de horizontalidad. No se oye un ruido ni cerca ni lejos. Aquí los coches no molestan.
Sí, oigo pasos en la casa del vecino. María Dolores es también madrugadora. Ya dos noches que duerme aquí María Dolores con sus dolores reumáticos. Manganeso dice que es bueno para la artrosis, para la artritis y parientes.
Vive la pobre pendiente de dietas y medicamentos. La típica casa con goteras. Y es que nadie se libra del suplicio del desmoronamiento físico: parches, remiendos, apuntalamientos, hasta que el edificio se cae.
Lina ha dormido con sus amigas María Elena y María de Los Ángeles. Fue con la familia Valero al campo y vino tarde. Fina dijo que se quedara.
El sol asoma entre naranja y amarillo. Que les hacía ilusión dormir juntas, me recuerda que, siendo yo como ellas, dormí casa de mi amigo Perico, enfrente de la nuestra, Calvario 71.
Perico, entonces mi mejor amigo, jugábamos juntos e íbamos juntos de paseo los domingos. No sé por qué sus padres -Jesús y Pepa- lo dejaron solo y quisieron que yo lo acompañara.
Esta noche no se olvida. Yo he entrado a esta casa otras veces, infinidad de veces antes y después. Cuando la recuerdo es como la viví aquella noche, con el misterio de sus luces encendidas y el simple hecho de estar solos en una casa tan grande.
En la habitación de los padres de Perico, en la mesita de noche, había un paquete de cigarros. Eran cigarros ideales, de papel amarillo, de los que fumaba don Baldomero en San Francisco.
Nosotros que vimos los cigarros nos pusimos a fumar. Fue algo sin pensar, instintivo. Encendimos y tragamos el humo, tosimos y casi nos ahogamos. Fue, lo juro, mi primer cigarro.
Perico iba al campo con sus padres. Tenía una mula que tiraba de un carro con toldo azul. Los sábados, cuando volvía, yo le ayudaba a entrar cosas a su casa, sobre todo la mula a la cuadra.
¡Cómo me gustaba verla beber agua en un cubo y tocarla hasta donde alcanzaba con mis manos! Era mansa y me miraba con sus ojos grandes como si me conociera.
Su padre preparaba un pienso y lo echaba en el pesebre. Recuerdo el olor de la cuadra como si lo llevara encima, como recuerdo el ruido que hacía el animal cuando comía.
El campo vino a menos y quisieron, como muchos, probar fortuna fuera. Primero fueron a Valencia, donde vivía una hermana de su madre. Luego a Badalona.
En tres años solo nos vimos una vez. Fue cuando fuimos a Francia mi hermana y yo a pasar unos días con unos familiares. En Santa Coloma de Gramanet pasamos unos días casa de mi tío Manuel. Mis primos me dijeron que cerca vivía Perico y fuimos a verlo. Su padre y él trabajaban de albañiles en una obra.
En Jumilla, un día Perico se cayó de una mesa y se rompió el brazo derecho casi a la altura del codo. Su madre lo llevó a Turpín, un carnicero que entendía de huesos, a que lo curara.
Le puso unas tablillas tan fuerte que le dejaron una señal para toda la vida. El médico luego le dijo a la madre: “Señora, cuando a mí se me rompen los zapatos, voy a un zapatero a que me los arregle”.
Estuvo tiempo levantando pesas y haciendo ejercicios. Escribía con la mano izquierda y jugaba a las bolas igual. Cuando la mano vino a lo suyo era ambidiestro.
Francisco Tomás Ortuño
DE MIS POESÍAS RESCATADAS: Sola…
Sola, como una rosa
al soplo de los vientos recogida,
muy dentro de mi vida,
conmigo siempre estás.
Te llevo como avaro
que guarda su tesoro,
escondida; y a solas
te beso y te acaricio.
Si alguna vez te fueras,
si en mí no te encontrara,
como una flor que no se riega,
mi vida, al punto se apagara.
Francisco Tomás Ortuño
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