Las tórtolas que tuvimos.

6 Junio 2026  Ntra Sra de los Milagros, Norberto,  Artenio, Paulina, Besarión, Cerecio, Claudio, Golmán,  Hilarión, Gilberto, Bonifacia…

Santa Bonifacia Rodríguez de Castro: Nace en Salamanca el 6 de junio de 1837. Siendo joven, funda con unas amigas, la Asociación de la Inmaculada. Funda después con su director espiritual Francisco Butimá la Congregación de las Siervas de San José. Conoce en su vida la exclusión y la humillación respondiendo con el silencio y el perdón. Canonizada en 2011.


Del año: 157 días pasados y 208 sin pasar, para recuerdo de mi nieta casadera.


PIENSA: Cuando más se juzga, menos se ama.   H. de Balzac.

SIGUE PENSANDO:   La belleza pierde su encanto cuando la vanidad decide exhibirla.


29 mayo 2009, viernes, Santana, en el comedor, Oigo unas tórtolas fuera. ¿Serán las que tuvimos? ¿Será que recuerdan como nosotros el entorno de su infancia?

¿Qué tendrán esos primeros pasos de la vida? Creo que el aire, el sol, la atmósfera,  el paisaje, los primeros ruidos… nos determinan para siempre. ¿Por qué no van a ser así los pájaros, los animales en general?

Lo que aprendimos de pequeños no se olvida, lo que vimos, oímos, olimos, gustamos y sentimos. ¿Serán las tórtolas que oigo las que tuvimos en la jaula cuando eran pequeñas? Yo estudiaba y las oía cantar a mi lado. Me hacía gracia ver cómo lo hacían: a golpes, a trompicones.

Un día que vieron la puerta abierta -en realidad quisimos saber si volverían por  la jaula a comer y a beber- se fueron y no volvieron. No supimos más de ellas.

Ahora oigo un canto que me las recuerda. ¿Serán las mismas? No me extraña que de jóvenes quisieran volar lejos, a conocer un mundo nuevo, desconocido. ¿A quién no le gusta conocer otros lugares? Y las tórtolas que vieron esa posibilidad, pensarían: se acabó el encierro, a volar y a conocer otros espacios.

Una aventura que puede ser fatal porque hay peligros por doquier. Pero, por encima de los peligros está la aventura de juventud. ¿Qué le pasó a los descubridores del siglo XV?

Colón partió rumbo a lo desconocido con peligros y sueños, y topó con unas tierras que resultaron ser otro mundo. Cortés, Pizarro, Balboa, Orellana, y tantos otros, igual.

 Pero, ¿qué hubiera sido sin ellos? En la vida hay siempre un momento en que el sujeto se la juega, sin poder evitarlo. Es un impulso irremediable, vital. Es el que anima a la propia vida a seguir su marcha, nueva, distinta, a progresar.

Sin ese “clan” vital de cada habitante del planeta, sin ese tirón de su sangre, la vida se detendría. Pero vuelvo a lo que pienso siempre: ¿Es cada uno causante de sus movimientos y cuanto se derive de ellos?

Las tórtolas un día se fueron, querían conocer el Mundo que aquí se les negaba. ¿O fue que llegado su momento -decisivo momento- tuvieron que partir?

Su muerte pudo estar en su escapada. Pero ellas -pobres tórtolas mías- se vieron suficientes para impedirlo. ¿Podrían haber dicho: ante lo desconocido nos quedamos? No, ellas eran movidas por impulsos superiores a sus fuerzas, que las llevaban con su vuelo a un futuro incierto.

¿Qué nos pasa a nosotros, los humanos?: nacemos un día, salimos sin control, y cuando llega ese momento de inventar algo- si somos para inventar- o de descubrir un nuevo mundo -si es que somos de descubrir- una fuerza interior nos lleva como a las tórtolas a inventar o a descubrir.

No presumamos de haber descubierto nada. Fuimos nosotros, sí, pero llevados del impulso que trajimos para hacer eso y no otra cosa distinta.

Siempre tan pesimista.

Diría mejor vitalista. La vida es la que nos marca lo que somos, lo que hacemos y lo que estamos llamados a hacer. ¿Decidimos nosotros lo que realizamos?

No. Es la vida la que marca nuestros pasos, nuestros actos, desde que nacemos. Siempre hay un momento vital que decide su aportación al conjunto de la humanidad, sea con inventos, sea con descubrimientos.

Igual somos tan afortunados que el siguiente paso en la evolución está reservado a nosotros. Entonces nos escriben en la historia para los que siguen como que fuimos en tal campo de la ciencia dioses pioneros.

                             

Francisco Tomás Ortuño

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