Halterofilia.
F26 Junio 2026 Santos Vigilio, Pelayo, Deodato, Radafo, Antelmo, Majencio, Salvio, Josemaría Escrivá de Balaguer…
San Virgilio: En Trento, en el territorio de Venecia, también en Italia, San Virgilio, obispo, habiendo recibido de San Ambrosio de Milán las insignias de su cometido y una instrucción pastoral, se esforzó por consolidar en su región la tarea de evangelización y por extirpar a fondo lo que quedaba de idolatría. Murió golpeado por hombres crueles.
Francisco Tomás Ortuño
Del Año: 177 por 188; Sol: 6´46 a 21´49; Luna: 19´13 a 4´19 del 27; Luna llena: el 30 en Capricornio.
Murcia, viernes y sin novedad en la familia, gracias a Dios.
PIENSA: Cuando todo El Mundo está en silencio, incluso una sola voz se vuelve poderosa.
SIGUE PENSANDO: El espíritu necesita alimentarse tanto como el cuerpo.
Y SIGUE: El sabio Salomón. En la historia de la humanidad hay una persona cuyo nombre es sinónimo de sabiduría, el tercer rey judío, el legendario gobernante Salomón. Llevó a su pueblo a una de sus etapas más prósperas.
“Nadie tiene tanto poder como para evitar la muerte y vivir para siempre”, “De la batalla entre la vida y la muerte, nadie se libra, ni siquiera los malvados”.
“Cruel es la ira e impetuoso el furor, más “¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?”. “Mejor es no prometer que prometer y no cumplir”.
“El ignorante sí calla será tenido por erudito y pasará por saber si no abre la boca”. “El odio produce más odio, el amor todo lo perdona”...
Francisco Tomás Ortuño
Domingo espléndido, las diez de la mañana, en el estudio, solo, con las ventanas abiertas, oyendo música de la radio que Pascual Jesús escucha cerca de la piscina, bajo el toldo color naranja, con Lina y su inseparable María Elena.
El estudio ha ganado sin el ping-pong. Ahora ha quedado un estudio amplio, con una mesa y con sillas. En esta mesa, que siempre estuvo en el despacho de la casa de Cánovas, 90 escribo estas crónicas para el recuerdo.
Se está bien aquí. No se puede pedir más. Los demás -Miguel, Ángel, Francis- en el campamento de Almería. El baño de ayer tarde, con el vecino Juan, padre de María Elena, me agradó. Fue una prueba renovada de buena vecindad.
Me dijo Juan que practica la halterofilia, que acude a un centro por las tardes donde hay aparatos para robustecer los músculos. Juan es feliz haciendo gimnasia y cuidando su físico. No seré yo quien le diga que es absurdo a sus años, o que pierde el tiempo miserablemente.
Él ha puesto su ilusión en sus músculos, en su cultura física, y en lograrlo pasa su tiempo tan feliz. Más que eso, yo animaría con calor a Juan a seguir practicando sus ejercicios, aún a sabiendas de que no han de servirle de mucho.
Una ilusión como meta de nuestros actos, debe existir siempre. El hombre que lleva entre manos algo, algún trabajo o aspiración inmediata, es feliz. Quien vegeta sin metas, difícilmente encuentra alegría y satisfacción. Así que bien por Juan.
Tengo un concepto muy particular de los ejercicios para el cuerpo. Digo y creo que cada uno debe practicar el ejercicio que mejor le va, no al revés. No al ejercicio que le corresponde hacer, previamente establecido, sino que sea el cuerpo quien decida. Y en caso de duda, quedarse quieto. El mejor ejercicio será incluso el que no se hace.
Salgo a la terraza atraído por la música fuerte y las canciones de moda -Sevilla, ¿Qué tiene el negro?- Pascual se ha metido en la piscina y toma el sol sobre la rueda de goma plácidamente. Las niñas lo miran embobadas desde fuera y le piden que busque garabitos.
Veo a Antonio Valero, por los pinos de su parcela. Los demás, Fina, Carmen, Juan, bajo los arcos, chicolean. Chicolean es la palabra exacta a lo que quiero decir. Me ha llegado al bolígrafo sobre la marcha y no estoy seguro.
Chicolear quiero decir que no hacen nada sino mirarse y hablar riendo. Si no es el término exacto, se cambia. Hawái, Bombay, se escucha en la radio. Es la voz soñadora, insinuante, de una joven que triunfa este verano.
En la casa de Herminio, antiguo bar o merendero, hay gente en la terraza. Son los incondicionales de la colombófila con sueltas y vuelos de palomos.
Hoy Santa Sofía. ¿Será el Santo de mi nieta? Si es tu Santo, Sofía, que tengas un día pletórico de cosas buenas. Si no es tu Santo, díle a los que dirigen las fiestas santorales del cielo que se pongan de acuerdo: Sofía Tomás Ilina, hija de Francisco Amós Tomás Pastor y de Lena Ilina y hermana de Fran, su onomástica es tal día. Gracias. Así tu abuelo el año que viene no se equivocará.
Francisco Tomás Ortuño
Vamos temprano al monte por caracoles. Anoche llovió y hoy el terreno es húmedo, como abonado para que haya caracoles. En todos los montes no los hay, que es lo curioso.
Cerca de nuestra casa hay una loma que los tiene en abundancia. Los hombres que se dedican a buscarlos -caracoleros- lo saben. Luego los venden en la plaza.
He salido con la intención de coger los que salieran a mi paso. La caza del caracol -¿se le puede llamar caza?- es atractiva. Es una fiesta, sin duda, madrugar y salir al monte en busca de este molusco.
Para los que desconocen este pasatiempo, les diré que deben preparar una bolsa donde echarlos y ponerse un buen calzado para andar.
Yo lo paso bien cogiendo caracoles. Solo el hecho de buscarlos tiene su encanto. La vista siempre baja, mirando sobre todo las atochas y los romeros. Muy despacio, midiendo los pasos.
Un leve crujido cerca, hace mirar. Una ligerísima vibración debida a la caída de una china, también. Yo tengo mi lema para estas ocasiones: “El que haya de ser para mí, me está esperando”.
Hay otras personas cerca, que buscan con ahínco. Confieso que mi búsqueda es un tanto despreocupada. Ahora bien, cuando encuentro un ejemplar, me alegro.
Me acerco despacio, y lo recojo con cierta morosidad. Creo que debo recogerlo. Si no lo hiciera, para mí sería como dejar abandonado un herido en la carretera.
“Este es mío”, me digo, me está esperando desde el principio de los siglos, canturreo feliz. Es divertido coger caracoles como lo hago yo, sin prisas, deportivamente.
Ocho piezas, diez, una docena, a lo sumo quince caracoles. Hay quien dice haber cogido 50, 60 y hasta 100 en una mañana. Yo no busco apenas, me los encuentro, salen al paso ¡Qué alegría! Encontrar dos juntos a la vez, suelen estar en la humedad de un romero o en la piedra lisa junto a alguna sabina. ¡Hola parejita! ¿me estabais esperando? Y parecen sonreír cuando me acerco.
Bonita fiesta la de salir al monte cuando ha llovido. Es además un deporte. Me apunto cada vez que llueve a salir por caracoles. La tormenta de anoche fue aparatosa: relámpagos y truenos sin parar. No recordaba otra noche parecida.
En Santa Ana, los truenos son más truenos por el eco que producen y los relámpagos más relámpagos. Impresiona una noche de tormenta aquí. Parece como si fuera a saltar el universo a pedazos.
Los pequeños miraban asustados por la ventana. Noche, en fin, para el recuerdo. Los vecinos María Dolores y Victoria Esteban se fueron al pueblo. No sé si por la tormenta.
Francisco Tomás Ortuño
DE MIS POESÍAS ENCONTRADAS:
289) Aquí en lo alto…
Aquí en lo alto
de la montaña,
vivo en verano,
como las águilas.
Jumilla enfrente,
detrás Santana,
y por arriba
estrellas blancas,
rojas, azules,
brillantes, pálidas…
Todas las noches,
en mi terraza,
con mi familia
en la montaña.
Gracias, Señor,
por esta casa
que construimos
en la montaña.
F. T. Ortuño
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