Ex peones.

3 Junio 2026  Santos Carlos, Cecilio, Hilario, Genesio, Clotilde, Oliva, Isaac, Morando,..

San Isaac era de Córdoba, región de Andalucía. Siendo monje, en tiempo de la dominación musulmana, llevado por un impulso no humano sino divino, salió de su monasterio de Tábanos para presentarse ante el juez sarraceno y hablarle de la verdadera religión, razón por la cual fue decapitado en el año 851.


Del año 2026: 154 días pasados y 211 sin pasar; el Sol: sale a las 6´46 y se va a las 21´40; la Luna: 23´59 a 8´53; Cuarto menguante, el 8 en Piscis.

Murcia, miércoles, sin novedad en casa, gracias a Dios.


PIENSA: La motivación es lo que te pone en marcha; el hábito es lo que hace que sigas.

SIGUE PENSANDO: Hacía muchos años que los griegos, bajo el mando del rey Ulises, sitiaban la ciudad de Troya sin lograr conquistarla.

 Ulises tuvo una gran idea: construir un caballo gigante de madera para engañar a sus enemigos. De noche se metieron en el caballo los más valientes guerreros griegos.

Y los demás, a la mañana siguiente, embarcaron en sus naves como si se marcharan. Los troyanos se pusieron muy contentos al ver la retirada de sus enemigos.

Los troyanos celebraron durante toda la noche lo que creían que era una victoria; pero mientras dormían, Ulises y sus soldados salieron del caballo y sigilosamente abrieron las puertas de Troya para que pudieran entrar.

El resto de las tropas griegas ya habían regresado aprovechando la oscuridad de la noche, y así, gracias a la astucia de Ulises, en muy pocas horas conquistaron lo que no habían podido conseguir en muchos años.

                          

Francisco Tomás Ortuño


27 mayo 2.009.- Miércoles, en Murcia, las 11. Gregorio, de muerto no era Gregorio. Quizás, ex Gregorio. Es que en la caja o ataúd ya no era el mismo.

Desde el instante de pasar la raya se convirtió en ex profesor,   ex amigo… se había transformado en lo que vemos cuando se muere.

Lo dije hace poco en una partida de ajedrez: mientras que dura la partida la torre es una torre, el caballo es un caballo, la reina es la reina, y así las demás piezas.

Pero acabada la partida, todas juntas a la caja para ser otra cosa, quizás ex peones, ex alfiles, o ex reyes. Han devenido en cadáveres, que nada tienen que ver con las piezas altivas, fuertes, desafiantes, que eran antes de fallecer.

 Y ya puedes bailar, hacer muecas o reír, que no se entera. Allí no está el amigo que diría: ¿por qué te ríes? ¿por qué bailas? ¿a qué esas muecas? No, allí no está el que fue hasta entonces.

Allí está otra cosa que en nada se parece, como con el ajedrez: esto era un peón y esto una torre… Era, en nuestro caso, un amigo llamado Gregorio, que fue Profesor en el Instituto.

En el tanatorio estaban Amparo, Pedro y la hija. Caras tristes,  compungidas, llantos reprimidos como las plañideras pagadas con el deber de llorar.

¿A quién se llora en el duelo? A quien se fue. A quien ya no es.  ¿Tiene sentido el llanto por los muertos? Tuvo que ser, fue y adiós. Tan sencillo como seguir viviendo, tan sencillo como inhumar sus restos.

Hablé con Pedro Azuar, sacerdote en San Bartolomé. Recordamos los ya lejanos tiempos de San Francisco, cuando estudiábamos con don Máximo y don Baldomero.

Le dije que él iba en sexto curso cuando yo empecé. Y como el tiempo pasa por todos con la misma velocidad, que él tendría ahora 82 años. Con él estudiaban Antonio, José Luis, Roque,  Demetrio, y otros. Era un curso muy numeroso.

Cuando vivía Gregorio, que yacía a nuestro lado sin enterarse de lo que hablábamos, fue a Jumilla, conoció a Amparo y se casaron. Pasaba el tiempo y los hijos no llegaban. Decidieron adoptar a una niña.

Aquí en la caja metido, marca el punto que separa la vida de la eternidad. ¡Quién pudiera hablar contigo, amigo Gregorio, que me dijeras qué hay después de expirar!

Que me dijeras si alguien te esperaba en la estación donde se hace trasbordo. Lo que queda de ti lo vemos; pero yo quisiera saber más cosas, ¿qué hay después?

Tan rápido es el viaje que no pudiste dedicarme unas palabras  para contarme el cambio, siendo lo más importante de mi vida, saber lo que tú sabes en este momento, y nosotros no, siendo sacerdote  tu cuñado.

Le voy a preguntar a él. ¿Qué más quisiera que poder decir con tu seguridad, que te has encontrado con ángeles, con otros que ya partieron, con Jesucristo, con Dios.

Qué importante sería para los que esperamos vivir tu reciente experiencia, que nos contaras los primeros pasos de tu segunda vida. Por favor, Gregorio, solo un instante.

                            

Francisco Tomás Ortuño

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