Capote de grana y oro.
2 de Abril de 2.026 JUEVES SANTO: San Francisco de Paula Del año: 91 por 274 Sol: 7’ 59 a 20´39 Luna: 20´20 a 7´51 de mañana Mañana: luna llena en Libra.
5 abril 2009: Sotto voce.- Ayer mi azúcar me bajó a cuarenta a medianoche.
Ahora sigo con el vicio de escribir, oyendo en el comedor Coplas de Concha
Piquer, de Antoñita Moreno y de otras figuras de la antología que tenemos.
Luego iremos a Jumilla hasta el domingo. Ángel con su familia vendrá aquí a que las niñas vean procesiones. Hablando de procesiones anoche mamá y yo vimos en la tele la del Resucitado de los Marrajos de Cartagena.
Preciosa. Distinta a la de Murcia. Se ve más orden en los nazarenos. Creo que orden es la palabra que las distingue. “Capote de grana y oro”, oigo cantar a Juanita Reina.
Por cierto, que ayer incineraron a la cantante murciana Mari Trini, que no pudo aguantar más tiempo el combate que se traía entre manos con la “huesitos”.
Pues sí, la procesión de Cartagena es preciosa: mucha luz, mucho orden, y fervor a raudales. Por lo visto, las procesiones tienen también como los pueblos, como las personas, su estilo, su sello que las distingue.
Tú ves a Juan y no le dices Pedro. Y los dos tienen ojos, nariz, orejas y boca donde mismo. Tienen su sello particular que los distingue. Este es Juan y este es Pedro.
Y fíjate que somos más de 8.000 millones y sin embargo los distingues por algo que no sabes decir qué es. Pues lo mismo con las procesiones, con los pueblos o las iglesias.
“Una tarde, un caballero…” oigo que canta Marifé de Triana, de la canción Cautiva. Y ahora Juanito Valderrama canta Diego Piñero. Juanito se fue antes que Mari Trini. ¿Ves como dejan sus voces en el recuerdo?
Ahora los oyes y parece que están vivos. Sin confundirse, tú sabes que es Juanito Valderrama o que es Paquita Rico. ¿Quién pudiera guardar las voces de los padres? ¿quién pudiera a los que quisiéramos tanto?
Los oiríamos como cuando estaban vivos, como a estos afortunados que oigo en el equipo de música. Rafael Farina nos regala ahora, y cuando queramos oírle, “Las campanas de Linares”.
Cómo se hace, no lo sé. Pero se hace. Yo no me explico cómo se queda en el disco la voz de uno que habla. O la música de sus canciones. Pero no hay duda de que es así.
Hay tantas cosas igual. Abrir coches sin llaves, desde lejos, parece que es imposible, y ¿vas a negar que se abren? Lo ves y te encoges de hombros, pero tienes que aceptarlo. Muchos no lo piensan, pero tampoco saben cómo es posible semejante milagro de la ciencia.
Tienes que creerlo porque está a la vista y puedes comprobarlo una y cien veces. Pero saber cómo se produce no hay quien lo entienda. Creo que no debemos sentir pudor en confesar nuestra ignorancia.
Y que será mejor exclamar gritando: “Señor, ¿cómo es posible el prodigio?”. Seamos sinceros y confesemos nuestro asombro. ¿No les pasaría lo mismo a los primeros discípulos de Jesús cuando lo vieran andar sobre las aguas o cuando curara a un ciego?
-Es verdad, que yo lo he visto.
-No puede ser, dirían otros. Y luego tenían que creerlo porque lo veían aunque no lo comprendiera.
Francisco Tomás Ortuño
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