Turcos y masones.

  5 de Marzo de 2.026  San Teófilo de Cesarea  Año: 64 – 301;  Sol: 7´42 – 19´11;  Luna: 21´35 – 8´47 de mañana; Cuarto menguante: el 11en Sag.

  Murcia, jueves, las siete y media en los relojes, sin novedad corporal, gracias a Dios. Fuera sigue la guerra de Irán.


 PIENSA: Defiende tu derecho a pensar, porque, incluso pensar de forma errónea, es mejor que no pensar.


  SIGUE PENSANDO: El monasterio de Taktsang -Bután- es una de las visitas más impresionante del Himalaya. El templo budista, conocido también como “El Nido del Tigre”, se encuentra literalmente colgado sobre el lateral de una pared vertical a más de 700 m sobre el Valle sagrado de Paro y a 3000 m de altura.

   Cuenta la leyenda que en el siglo VIII Curú Rinpoche -que fue quien difundió el budismo en Bután- voló a este lugar a lomos de una tigresa, para meditar en una cueva durante 3 meses, 3 semanas, 3 días y 3 horas. En este lugar se construyó en 1692 el templo sagrado desafiando a las leyes de la gravedad.

   El monasterio es uno de los lugares más sagrados del país y está formado por 6 templos y un área residencial diseñada para encajar perfectamente en la cornisa de granito y acceso a las ocho cuevas de meditación que se encuentran detrás de los edificios.

  Todas las estructuras están interconectadas a través de empinadas escaleras talladas en la piedra y pequeños puentes de madera.

   Durante siglos permaneció en su estado original, pero en 1998 el monasterio sufrió importantes daños a causa de un incendio. Y en 2005 terminó la reconstrucción.

                                          

Francisco Tomás Ortuño.

 

DE VERBOS: En mi pueblo se confunden, con frecuencia, los verbos coger y caber. “Hazte más allá que no cojo”, dicen, cuando debían decir; “Hazte  más allá que no quepo”.

   Hasta la confusión ha pasado al terreno chistográfico: “No te dice cabo, se dice quepo, corrige el sargento. Luego el soldado se cuadra delante del superior para decir:  ”A la orden de mi sargento: ha llegado el quepo de la Guardia Civil “.

       Es corriente la confusión entre los hablantes, y no digamos entre los que aprenden nuestro idioma. Los verbos irregulares serán una tortura para quienes tienen que aprender la lengua.

   “Yo quepa o yo cabré” serán formas muy difíciles de aprender. Hablo de caber; pero hay muchos más con los que sometería a prueba al más lince de los estudiantes:

   Pretérito indefinido del verbo andar; imperfecto de subjuntivo del verbo satisfacer; presente de subjuntivo de erguir; indefinido de pudeir; presente de indicativo de yacer; presente de subjuntivo de roer; verbo abolir…

   Sin duda que los verbos irregulares son para utilizar desde que uno habla de pequeño. Luego es muy difícil, por no decir imposible dominar. ¿Conjugarías el verbo muir? ¿Y el verbo proveer?

 

  TURQUÍA:  Esta noche se juega  España - Turquía.  Lo veremos por televisión. Aún me acuerdo cuando los turcos eran para mí seres extraños o extraterrestres. Don  Juan de Austria venció a los turcos en la batalla de Lepanto en 1571, decía mi libro de historia. y no sabía más.

   Con los años he visto que Turquía es un estado de Asia, más grande que España, más poblado que España, que habla su idioma turco, y que cree en Alá. Es decir, que son personas como nosotros.

   Esta noche jugarán y veré que se confunden con nuestros jugadores, puesto que todos tienen cabeza, tronco y extremidades, y juegan a meter goles en la portería contraria. ¿Por qué los creía distintos antes?

   ¿Tal vez la TV me hicieran verlos de otro modo? ¿Quizás por algún juicio que escuchara de niño o que mi cabeza pensara que eran de otra galaxia? Y es que los años de mi infancia fueron especiales.

   No como los de mis hijos que ya no se hablaba de guerra civil ni se ,ocultaban ciertos nombres y hechos ocurridos. A mí entonces me hacían creer que Rusia era mala, o no la nombraban.

   La palabra masón estaba prohibida en nuestro vocabulario. Quizás que Turquía y los turcos corrieran la misma suerte.

 

   Pedro ha venido a trabajar: quita hierba y corta ramas de los árboles. Y la gata esconde a sus gatos nerviosa, pensando quizás que se los va a quitar. ¿Será porque oye sonidos extraños? ¿Quién se mete en la cabeza de una gata para saber lo que piensa? ¿y quien le hizo ser madre para tener que sufrir y gozar con los hijos?

   Lo cierto es que por las razones que sean la gata está nerviosa esta mañana. Coge a sus hijos con la boca y los traslada de sitio. Como le hemos cerrado la puerta, los pasea por la terraza hasta dejarlos en un rincón.

   Maúlla la pobre y no sabe qué hacer. ¿Será porque oye una voz extraña? ¿Quién conoce sus pensamientos? En este momento los tiene divididos en dos grupúsculos. Falta uno, que no sabemos dónde está.

   ¿Le preguntamos? Gatita, ¿a dónde has llevado a tu hijo? Mira que no le vamos a hacer daño, que solo queremos que esté bien. Pero no sabe lo que decimos. La dejaremos suelta y seguro que ella nos llevará. Así ha sido. Lo llevó a una habitación. Ay, los animales.

                                           

Francisco Tomás Ortuño

 

      CELESTINO:

   ¿Qué hora es?, preguntaba yo. Temprano, respondía él. Me refiero a Celestino, buena persona, buen amigo.

   Celestino y yo, cuando teníamos 20 años, dimos juntos muchas vueltas al jardín de abajo y muchas también a la calle de la Feria desde el teatro Vico a la farmacia de Guillén.

   -¿Está Celestino?, preguntaba yo desde la puerta de su casa.

  -¡ Celestino!, gritaba su hermana Margarita.

   Y Celestino bajaba despacio por unas escaleras grandes que había a la izquierda del porche, conforme se entaba de la calle. Su madre, al fondo, en una estancia que daba al patio, cosía encogida, con gafas, como un pequeño bulto sobre su hacienda.

   Hermógenes, el padre, figuraba patriarcal de los antiguos, leía frente a ella en un sillón, en su papel de jefe de familia. ¡Qué paz se respiraba en esta casa!  Casi sin hablar, salíamos calle abajo y nos íbamos al Paseo de la Estación.

   Si hacía sol, cogíamos la vía y llegábamos a la Estacada. ¡Cuántas veces habremos ido al Puente de Hierro y más allá en mañanas de domingo! ¿Te  acuerdas,  Celestino? 

   Nuestras conversaciones eran comentar una noticia, recordar años tiempos, y cosas así. Nunca temas de discusión acalorada. Apacibles siempre, apacibles como el paseo, con espacios de silencio.

   Contemplándo la huerta y la vía, la vía y la huerta confundidas, la Estacada, el Puente de Tres Ojos, y vuelta atrás, despacio, callados o diciendo cosas que apenas esperaban respuesta.

                                       

Francisco Tomás Ortuño.


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