El taco es mi IA.
15 Marzo 2026 San Menigno 74 – 291 Sol: 7´29 a 19´21
Murcia, domingo, sin novedad en casa, gracias a Dios.
PIENSA: Un niño siempre puede enseñar 3 cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo, y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.
SIGUE PENSANDO: Domingo 4º de Cuaresma. Juan 9, 1-41: Fue, se lavó y volvió con vista.
El conflicto de Jesús con los jefes del pueblo adquiere un tono de gran violencia, quizá porque está en juego la dignidad del ser humano, su capacidad para salir de las tinieblas y las apariencias para ver la realidad con ojos nuevos.
Precisamente a todo ello se niegan los fariseos, encerrados en unas certezas que los vuelven ciegos y que los mueven a expulsar del estrecho círculo de sus verdades a quienes se atreven a cuestionar sus principios.
Juan pone de relieve con una fuerza extraordinaria que la luz nueva ofrecida por Jesús es para el discípulo causa de conflicto. Quienes se dejan bloquear por el miedo, retroceden al espacio de las tinieblas, donde habitan aquellos que no quieren ver, como los padre del ciego curado por Jesús.
Quienes eligen caminar como hijos de la luz, experimentarán quizá el martirio cotidiano de no significar gran cosa en medio de un mundo que prefiere la comodidad de la ceguera. El seguimiento exige opciones claras, yJesús promete la luz necesaria para vivirlas con sentido.
SUPERMERCADOS:
Las 12 y sábado. Venimos de Aldi, un nuevo supermercado a la entrada del pueblo, cerca de Gémina. Como la competencia es tanta -hay tres grandes próximos- nos han ofrecido gratis café con leche y bollos con mermelada.
¿A quién se le ocurriría el primero vender de todo en su tienda? Porque habría un primero que vendiendo melones le preguntarían por lechugas o por alpicoz y no tendría. Y, al no vender, se diría;
¿Por qué no tener con los melones lechugas, berenjenas y rábanos? Y lo mismo el que vendiera lentejas y le pidieran garbanzos o arroz, ¿Por qué no tener con las lentejas azafrán, patatas, fideos y habichuelas?
Y de ahí a pensar en vender carne, café, camisas y pantalones, había un paso. Se lo pensaría bien por la noche y díría: ¡Eureka! ya lo tengo. Una tienda grande como 20 o 30 tiendas juntas y a vender de todo.
Sería por entonces que se abrió un supermercado gigante en el que se vendía desde un alfiler a un camello, que era como decir lo que usted quiera comprar lo tenemos.
En poco tiempo las ciudades se han llenado de supermercados. Ya no hay casi tiendas pequeñas con el tendero en el mostrador para darte lo que pidas y cobrarte luego.
Ahora, son grandes superficies, con aparcamiento para el coche, con servicios y cafeterías, con comedores y zonas para tertulia y estantes con lo que quieras comprar a la vista para que tú mismo te sirvas, tan bién organizado todo, que te sientes como en tu propia casa.
Hecha la compra a pasar por caja y una señorita amable te cobra. Eso es todo. Alguien tuvo que ser el primero que pasara de la tienda de unos cuántos productos al supermercado donde hay de todo lo que puedas buscar. El Corte Inglés es uno de esos gigantes que vende lo que busques: gafas para piscina, perfumes, zapatos, libros, lencería… de todo.
UN COMPETIDOR:
Mira por dónde, en Murcia, por San Esteban, le ha salido un competidor incómodo. Justo enfrente, hay tenderetes de lona donde venden objetos mil de marroquinería, aparatos y relojes, a precios sin competencia.
Son objetos que traen de Marruecos, de Argelia, de Túnez, y que venden a precios inconcebiblemente bajos. Son moros o negros que viven de la venta de esos productos y que nadie sabe de dónde proceden.
Y por si estos bazares de San Esteban fueran poco, hay otros grandes almacenes aquí y allá que le deben hacer sombra a los mismos y preocuparán a los almacenes grandes: son los chinos, que tienen también de todo lo que busques importado de la China a bajos precios y en la esquina de tu casa.
Son tiendas con productos abarrotados por arriba y por abajo que apenas dejan andar, son tiendas típicas de venta barata que han nacido de pronto, generación espontánea, y que están en todas partes. Dicen que los materiales son malos, o hasta peligrosos, pero yo pienso que es una leyenda negra.
Hay competencia y todos quieren ofrecer lo mejor al menor precio, calzado, ordenadores, móviles… Surgen los vendedoreses ambulantes, top mantas, en playas, calles más transitadas, plazas…
¿Dónde quedaron aquellas tiendas a las que iban Santiago Marín, Tebar y otros cuántos preguntando si les quedaba chocolate o papeletas de azafrán?
En un Cuento comparé estas tiendas con la de Ramón, en la calle del Calvario. Con las papeletas de azafrán salían unas estampas con las que llenábamos un álbum para que nos dieran un balón. Valía cada papeleta una perra gorda o décima parte de una peseta.
¡Cómo han cambiado los modos de vender!Aquellos tenderos se acordarán hoy viendo estas formas de llegar con sus artículos al público cómo eran entonces y pensarán en otro mundo hoy con los móviles, el internet y las ventas de lo que quieras vender.
Francisco Tomás Ortuño
LA FERIA EN JUMILLA:
Domingo, primer día de feria en Jumilla. Francisco Amós y Pascual Jesús han pasado la noche casa de su yaya Isabel. Quieren disfrutar cada minuto. La ilusión forma parte de sus vidas.
Esa ilusión por ver y por vivir caracteriza a los niños, que son la madrugada del día. El parangón es claro: la vida de las personas, la vida de la humanidad, la vida de cada día, todo cuanto tiene un comienzo y un fin, un ciclo completo.
Los niños son la madrugada, los niños son los tiempos primitivos de la humanidad, en todos ellos hay algo en común: vitalidad. Y con la vitalidad, la ilusión. El niño quiere conocerlo todo, quiere que no hubiera noche para no dormir, le falta tiempo para descubrir cosas nuevas.
A Francisco Amós, a Pascual Jesús, les ocurre esto. Quieren vivir deprisa. La Feria tiene luces, ruidos, color, música, ruedas, tumulto, y todo ello les ilusiona, les hace vibrar.
En la vida la ilusión es hermosa. Sin ilusión no hay vida. En los viejos hay pocas ilusiones. La falta de ilusiones en los viejos se debe a su falta de vigor, de vitalidad.
Nuestro organismo, nuestra sangre, marcan la fuerza de ilusiones. Un niño enfermo puede carecer, por raro que parezca, de ilusiones. Un viejo no puede estar pletórico de ganas de vivir
No está en nosotros ilusionarnos, está en el rigor de nuestra sangre, está en nuestra salud. Cuando observo a mis hijos que quieren ir a la feria, que corren tras la música, que sienten los cohetes y las ruedas feriales, palpo su vigor, su fuerza, su salud.
Cuando siento desgana por las cosas, cuando siento tedio y hastío, cuando siento indiferencia y que nada me ilusiona, comprendo que algo no funciona como debiera en mi.
PAX VOBIS:
Hemos bajado al pueblo, carrera de bicicletas, misa. La madre de Gaspar y de Jesús ha muerto. Esta tarde será su entierro. La paz sea con nosotros, dice el cura.
Y yo pienso: ¿Está en nosotros tener paz? ¿Qué es la paz? Creo que la paz puede entenderse de dos maneras: para con uno mismo y para con los demás.
Para con nosotros la paz es serenidad, tranquilidad, bienestar. Pero esta paz dimana de nuestro espíritu. ¿Y cuando el espíritu lograr la paz? cuando el cuerpo funciona bien. De aquí que la paz sea la salud. O mejor, la paz brote de la salud.
Un cuerpo sano produce la paz en las personas, o de otro modo, si nos duele el estómago o nos sentimos mal, no alcanzamos la paz. Estoy diciendo entonces que la salud es la fuente de paz, de bondad, de felicidad.
Lo que ocurre es que nuestro cuerpo es tan complicado, tan complejo, tan difícil, tan entreverado, que es imposible que funcione a la perfección. De aquí que nuestros estados de calma, de sosiego, de paz, sean rarísimos.
Puede decirse: “Yo no tengo paz y sin embargo estoy bien, no me duele nada”. Yo a estos les contestaría que revisaran mejor la máquina. Tal vez un cable inadvertido está haciendo de las suyas.
Este hilo suelto en el que no reparamos -pieza oxidada, tubo sucio del organismo, etc.- nos produce ira, envidia, soberbia, etc. nos aleja de la paz, del bienestar.
Por otro lado, la paz para con los demás, es el amor. Creo igualmente que no puede darse si no lo tenemos con nosotros. Para que yo sienta amor por los demás necesito antes sentirlo conmigo. Si algo no funciona bien en mí, la paz se pierde, y si no poseo la paz no puedo darla.
Francisco Tomás Ortuño
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