El pescozón.
26 marzo 2026 San Sabino 85 – 280 Sol: 7´08 a 19´33
Murcia, jueves, sin novedad en casa, gracias a Dios.
PIENSA: La vida es demasiado corta para desperdiciarla.
SIGUE PENSANDO: ¿Sabía usted que…
Cuando Isaac Newton era pequeño llegó a reproducir en una maqueta un molino de viento que funcionó a la perfección al colocarlo sobre el tejado de su casa?
¿Sabía usted que Newton de joven estaba obsesionado con los relojes de sol y llenó su habitación con puntas para marcar las horas, la medias e incluso los cuartos?
¿Sabía usted que Newton descubrió la gravitación universal e inició la teoría de la luz dando paseos por el campo cuando tuvo que dejar sus estudios universitarios en Cambridge debido a la peste bubónica?
¿Sabía usted que Newton además de científico fue Inspector de la Casa de la Moneda y logró suprimir las falsificaciones y estabilizar la moneda al establecer una reforma monetaria radical que resolvió la crisis financiera que existía por esa época en Inglaterra?
¿Sabía usted que Albert Einstein escribió sobre Newton: “Para él la naturaleza era un libro abierto cuyas palabras podría leer sin esfuerzo alguno”.
¿Sabía usted que Voltaire al ver el conjuro y los funerales de Newton dijo maravillado: “Inglaterra honra a un matemático de la misma manera que los súbditos de otras naciones honran a un rey”.
Francisco Tomás Ortuño
Continuación:
¿Qué sería una casa sin tele y sin dibujos?
Hoy imposible de imaginar; antes, con el pescozón, sí; pero como eso lo prohibieron…
¿Y qué era el pescozón?
Otra morfina para que los niños estuvieran callados. En las escuelas estaba permitido. Los maestros no podían estar sin echar mano de él, como ahora de los dibujos de la tele.
¿Y era efectivo?
Como había grados, sí que era efectivo. Que no iba el cuatro, se aplicaba el 5, el 6 o el 10. ¡Vaya si era efectivo!
¿Y los padres lo aceptaban?
Y lo exigían. “Este es mi hijo, señor maestro, se alborota le suelta un pescozón que se acuerde muchos años; yo le daré otro en casa”.
Era mejor maestro el que pegaba más. “La letra con sangre entra”. El maestro que pegaba con el palo, con la mano, o con el pie era más considerado que el que no pegaba a los niños.
Como no había tele se recurría al castigo para que atendiera.
No sé qué era mejor: si ponerlos de rodillas o poner dibujos en la tele. Con lo primero, después, atendían otras explicaciones de Ciencias o de historia; con lo segundo, dibujos de Superman, que vuela como los pájaros, y guerras espaciales…
¿Sabes una cosa? Que debe ser difícil ser maestro. ¿Cómo enseñar sin tele y sin castigos corporales?
Tan difícil que la mayoría de los que vivían de la enseñanza, al no poder aplicar el palo se tuvieron que jubilar. Porque la tele en los colegios tampoco estaba permitida. Solo quedaron unos cuantos atrevidos que, a pecho descubierto, se enfrentaron con los niños.
¿Y cómo enseñaban?
Con la pedagogía del interés: combinaban salidas al patio con explicaciones en el aula, y así conseguían su objetivo que era enseñar sin castigar y sin tele.
¡Qué atrevimiento, qué osadía!
¿Y lo consiguieron?
No todos, que algunos probaron y aunque cerraban las ventanas, los pequeños saltaban y morían en el intento.
Es que solo con palabras...
Ahí estaba el mérito, como conseguir con solo palabras tenerlos quietos y atentos.
Así claro, el que era maestro era maestro y el que no podía se iba a otro trabajo. Como el futbolista: si mete goles se queda y el que no sabe llevar el balón a donde quiere se dedica a otra cosa.
Y quien dice fútbol dice cantar o jugar al billar. ¿Tú crees que si no sabes cantar vas a hacerlo en un teatro y la gente va a pagar por oírte? ¿Tú te piensas que si no sabes hacer la o con un canuto vas a escribir un libro?
Finlandia está a la cabeza de países que han pensado en el problema de la enseñanza sin tele y sin pescozones, han visto que no es fácil enseñar, y han dedicado varios años a aprender técnicas para aplicar en las escuelas con los niños.
O sea que el que está en una escuela es porque sabe bien cómo comportarse para que los niños aprendan con interés y con amor, sin necesidad de recurrir a métodos obsoletos que no conseguían lo que se buscaba: aprender a ser persona.
Francisco Tomás Ortuño
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