Valencia es una traca.

26 Enero 2.026  San Timoteo  Año: 26 por 339 sin pasar;  Sol: 8´29 a 18´26; Luna: 18´08 a 3´09 del 27.

   PARA PENSAR: La amistad con Dios y la amistad con los demás son la misma cosa. No podemos separar una de la otra.

  ESTÌMULOS, MENSAJES:

   Cada día nos llegan infinidad de estímulos y mensajes. Podemos ser receptores pasivos o, por el contrario, estar activos al cien por cien, discriminando primero y eligiendo después con qué estímulos nos quedamos.

   Discriminar es separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra.

   La primera y más primitiva forma de discriminar es separar lo inútil de lo utilizable, lo que sirve de lo que no sirve, aquello que daña o es constructivo.

   Si le damos a un mono un cacahuete, veremos que separa la cáscara y el grano. ¿Hacemos lo mismo para seleccionar lo que nutre nuestro espíritu y cuerpo? Quizás nos ayude a plantearnos:

   -¿Qué sentimientos me produce?

   -¿Qué mensaje me transmite?

   -¿Es constructivo o destructivo?

   -¿He elegido yo o han elegido por mí?

                                

Francisco Tomás Ortuño

  

   VALENCIA EN FALLAS:

   17 marzo 1991. Las 8:30 h de la mañana, en la habitación de Ángel, en la mesa de Ángel, con libros de Ángel a mi derecha y a mi izquierda, con ruidos de petardos por todos los rincones de la habitación, creo que se filtran por las paredes, ruidos próximos y lejanos, ruidos débiles y fuertes, prolongados y secos...

   Es justo como la guerra de las películas, o como el rumor de una noche de tormenta. Quita los relámpagos y quédate con el fragor de los truenos que no cesan.

   Eso es Valencia a estas horas de la mañana. A las ocho, fue “la despertá”, con músicas sin fin de pasacalles. Después, pues eso, un no cesar de tracas y petardos.

    Aparte de los truenos, el cuadro que ofrece esta casa es singular, que merece ser contado para el recuerdo:

   Lina lee en el suelo, sentada a mi espalda; mamá recoge ropas en una silla; Ángel duerme en una cama y Miguel en un colchón.

   Miguel se acostó cuando lo hicimos nosotros, mamá, Lina y yo, después del fenomenal castillo de medianoche. Pero Ángel volvió con los amigos a las siete. Lo que significa que acaba de acostarse.

   Fuera de la habitación hay silencio. En el comedor duermen -con luz y petardos- cuatro o cinco jóvenes. En una habitación lo hacen Miguel Ángel y la chica que vino con él.  “Es mi amiga, nos dijo en la presentación ayer, no os preocupéis por nosotros; dormiremos en mi habitación los dos”.

   Mamá luego organizó la cosa de otro modo sin contar con nadie. En su lucha personal, en solitario, dijo a Susi: “Aquí en la habitación de Miguel Ángel he puesto dos colchonetas para vosotras dos. Ellos que duerman en el comedor”.

   Y temprano, como a las cinco, salió a inspeccionar la casa, a ver quién había y quién no había vuelto, y volvió tan contenta diciendo: “las dos chicas duermen en la habitación. Ellos no han vuelto todavía”.

   Pero luego, sobre las siete, vino Ángel con los amigos y entre ellos, claro, Susi, de pasar su noche de fiesta valenciana. No estaba acostada. Bueno, estaba acostado Miguel Ángel y con él su amiga en la otra colchoneta.

   Ay. mamá, la corriente es demasiado impetuosa. Los truenos siguen filtrándose por las paredes. Valencia es una traca -para traca la de anoche en la Alameda a las 12-. ¡Qué gentío sobre el puente! ¡Qué colorido de fuegos!

   Arriba, alguien lo dijo: “Parece la guerra del Golfo”.  “Pero, qué distinto” -pensé yo.

   Dicen que en las fallas valencianas hay más gente de fuera que de la propia capital. Puede ser. Anoche, ríos humanos como cuando van a un estadio de fútbol, esta gente llevaba bolsas de comida en la mano o comía bocadillos caminando.

   Eran, sin duda, gente de los pueblos cercanos, lo mismo que ocurrirá en los Sanfermines de Pamplona, en los Sanisidros madrileños, o en la Feria de Sevilla.

   La noche de fuegos artificiales en la Alameda fue fenomenal. A la vuelta dijo Miguel que Marta Sánchez cantaba en un tablado junto al Palacio de la música.

   Esta es más o menos la noche que hemos pasado este 16 de marzo: un sainete con todos sus ingredientes económicos y humanos. Ahora son las nueve. Mamá hace ruido por la cocina. Por lo demás, todo es lo mismo: Lina lee “El candor del padre Brown” de Chesterton, detrás de mí. Miguel Ángel duerme, Ángel duerme, todos duermen. Silencio dentro, rumor de tormenta fuera.

                                 

Francisco Tomás Ortuño 


UTOPÍA:

Célebre novela de Tomás Moro, quien la presenta así: “Obra provechosa, agradable e ingeniosa sobre la mejor organización de una República y sobre la nueva isla llamada Utopía”.

   El término “utopía” puede significar dos cosas distintas, según se  relacione con sus raíces griegas. Lo habitual es hacerlo con la partícula de negación. En este caso significa “no lugar, algo que no existe”.

   Pero también se puede relacionar con la significación de bueno. Y en este caso, significa un buen lugar. Pues utopía es esa isla que imaginó y deseó Tomás Moro: un no lugar o un buen lugar. Ambas traducciones son válidas, y con el tiempo confluyeron en esto: “Un lugar que deseamos o algo, pero que no existe”.  

   La misión de la utopía es “enseñar el horizonte, mostrar, marcar la dirección a seguir, hacia una sociedad más justa, responsable y humana”.

   Desde esta perspectiva tiene dos funciones: crítica, para saber lo que debemos rechazar. Y dinámica o creadora, para saber cuál es el horizonte que debemos seguir en la vida ordinaria.

                                    

Francisco Tomás Ortuño

                        

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