Hay que vivir el presente.

20 Enero 2.026 San Fructuoso, martes, sin novedad por aquí.


   PIENSA:

   -Cuando una cosa está hecha, no mires hacia atrás, mira a tu próximo objetivo.

   -Te da más la virtud que te quita la fortuna.

   -Recuerdo una tarde calurosa. El desorden reinaba en casa, y yo con mil cosas en la cabeza, no podía encontrar la calma. Mi hija había dejado sus juguetes esparcidos por el suelo.

   Sentí la presión en mi interior acumulándose cada vez más, hasta que exploté con un grito. El miedo en los ojos de mi hija fue un espejo doloroso de mi propia frustración.

   Sin embargo, todo cambió cuando comencé a respirar y empecé a meditar en ese momento de tensión. Lo que realmente importaba, la ira y el estrés, se fueron disipando.

   Más aliviado, me encontraba de manera más tranquila y razonable. Me di cuenta de que los gritos apagan la comunicación, rompen los vínculos y hacen que las personas se separen en lugar de acercarse.

   Días después, mi hija me abrazó y me dijo: “Gracias por no gritar”. Fue entonces cuando comprendí el poder del cambio. Nunca es tarde para respirar.

Los niños perdonan especialmente si ven que la persona que aman trata de cambiar.

                                         

Francisco Tomás Ortuño


     Un 7 de marzo del 1991 escribí:

    Cuando algo está por inventar, ni pasa por la cabeza que pueda existir tal cosa. ¡Cuántas y cuántas máquinas habrán luego que hoy no conocemos! ¡Cuántos objetos de uso habitual que no tenemos hoy! ¡Cuántas herramientas e ingenios nacerán y luego pensarán los hombres que sin ellos no se podría vivir y a nosotros ni se nos ocurre que se necesiten!

   Irán apareciendo poco a poco o en cadena. Una necesidad nueva quizás propiciará el nuevo ser que se haga familiar e imprescindible. Y en todos los terrenos saltarán los inventos como granos de maíz en la sartén.

   Es curioso pensar que solo hace cien años el hombre viviera sin la mayoría de las cosas que hoy le son tan corrientes. Las mujeres piensan que en la cocina siempre hubo fuego de butano, lavadora, jabón embotellado…  o qué sé yo.

   El 90% de enseres que usan no los tuvieron sus madres. ¿Cuándo se generalizó el uso del papel higiénico? ¿Cuándo la máquina de feitar? No hablemos de televisiones, de vídeos o de ordenadores…

   Y cuando no se conocían no se echaban en falta. Se vivía lo mismo sin ellos: las mujeres fregaban suelos de rodillas, los pisos eran de yeso o ladrillo y pasaba.

   Los colchones eran de borra o de lana y se dormía bien; así que hoy pasaría lo mismo. A la vuelta de 100 años o menos ¿quién sabe lo que verán nuestros nietos que a nosotros ni se nos pasa por la cabeza?

   ¿Podríamos decir nosotros luego que la vida de hoy no existió o que fue sencillamente insufrible? ¿No sabemos los que vivimos en ella que es deliciosa por más que los que vengan piensen lo contrario?

   Los jóvenes de hoy creen que la vida empezó con ellos, que antes fue el caos o lo nada, y no se dan cuenta de que Cervantes escribió El Quijote sin luz eléctrica y viajó a Italia y a otras naciones sin que existieran los trenes ni los aviones.

   Todo lo anterior me lo sugieren las obras que tengo enfrente. Los albañiles suben el material sin ningún esfuerzo. No como hace solo unos cuántos años que tenían que hacerlo como hormigas, a lomo limpio, uno detrás de otro. ¿Cómo subirían las piedras a las catedrales en la Edad Media, o a las pirámides en la antigüedad?

   Seguro que a nadie se le ocurría que podía hacerse con grúas como hoy vemos que se hace. Y lo hacían con la misma precisión y puntualidad.

   Es maravilla ver como el hombre aprovecha en cada momento lo que tiene. ¿Que puede ser de otra forma? Como no lo conoce… Para cada cual, lo mejor es lo que tiene. Y aquí cabe el refrán que dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

    ¿Podriamos denostar la comida porque nos dijeran que dentro de 20 años no se va a comer? Nada de eso. Hoy son filetes, a comer con filetes; mañana pastillas, a comer pastillas.

   No debemos rebelarnos por lo que no tenemos. Mejor saborear lo que tenemos, como dice mamá, que es más lista que el hambre: “Hay que vivir el presente, que si vivimos el futuro no vivimos”.

   ¿Te das cuenta de la filosofía que encierra su pensamiento? Si vivo pensando en lo que ha de venir, ni aprovechamos lo que tenemos ahora ni gozamos de lo que no existe. Bravo, mamá.

   Los relojes se revolucionan: dan 10 campanadas cada uno, y hasta música, y uno de ellos de regalo, que es como decir que da la hora con estrambote.

   ¿Vivamos intensamente estas 10 de hoy, jueves, 7 de marzo del 1991 con lo poco o mucho que tenemos para disfrutar, y no pensemos en que los del siglo que viene van a tener cosas que nosotros no tenemos.

                                        

Francisco Tomás Ortuño

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