El mirador.

21 de Enero de 2.026, miércoles y sin novedad en casa, gracias a Dios.

   El  9  de marzo de 1991 escribí:

   La casa está en estado gravísimo: vemos que no levanta cabeza. Ni comedor, ni habitaciones. Todo por en medio: camas llenas de libros, relojes encima, pasillos con papeles en el suelo, un caos…

   No sé si luego irá otra vez cada cosa a su sitio. A lo peor, sobran sábanas o plásticos cubriendo los sofás. Así que me fui por el periódico y lo leí en un banco del Malecón.

   Cuando he llegado a casa, si esto puede llamarse casa, me he encontrado el pastel más grande de la historia, como dejo dicho arriba, y me he subido a la terraza con mi bloc y mi bolígrafo.

   Por la habitación de Lina, Pascual colocaba el piano en el rincón, donde antes estaba la cama; la cama donde estaba el piano...

 

   Es la una del mediodía, luce el sol, no hace frío, ni molesta el viento. Es un lugar delicioso. Este año pasado subí aquí con frecuencia. Muchos escritos se cocieron aquí.

   Al fondo, se divisa una mole azul montañosa, de este a oeste. Debe encontrarse aquí el llamado Puerto de la Cadena, que lleva a Cartagena.

   Entre la barrera montañosa y este lugar hay edificios altos, grúas, antenas, chimeneas, y algunos árboles y palmeras que sobrepasan las demás alturas.

   A mi izquierda, se yergue, airosa, al fondo, la Catedral. ¡Qué bien se está aquí! Solo llegan ruidos confusos de coches lejanos. Más visitas haré a esta terraza, aun cuando la casa vuelva a estar ordenada.

  Es este lindo mirador como otra habitación de nuestro piso. Las campanadas de la Catedral llegan a mí. Es la una. 

   MARTÍN DESCALZO:

  A Martín Descalzo, cura y escritor, lo encuentro fatigoso por televisión. Temprano le hicieron una entrevista. Son preparadas estas conversaciones para la posteridad, como un retrato, por si fallece.

   Estas llamadas, estando enfermos, deben ser algo así como llevarle la Extremaunción y pedirle que se confiese. Por la noche, estas personas no dormirán del susto: “Me llaman, ergo me muero”.

   Fatigoso está Descalzo y viejo. Es triste ver así a personas que hace poco estaban fuertes. Martín Descalzo ha escrito poesías, ha estrenado obras de teatro, ha publicado libros, ha colaborado en revistas y periódicos, y luego de entregarse a los demás, como cura y como escritor, enferma y muere. Porque, si Dios no hace un milagro, difunto habemus.

   El sol tímidamente se asoma de vez en cuando por entre nubes grises. Las nubes, traviesas, corren a ocultarlo de nuevo. En este juego llevan un rato.

   ¿Quién ganará? ¿La nube? ¿El sol ¿El sol? ¿La nube? Traviesa nube, no quieras anular a quien está muy por encima de todas tus posibilidades.

                                   

Francisco Tomás Ortuño

 

     ¿QUÉ BUSCAS?

    Llegaba tarde al comienzo del retiro que organizaba el Colegio para los chicos del último año. Intentaba no hacer ruido, pues ya había empezado. Me quedé en la última fila de los bancos de la capilla.

    El sacerdote que dirigía el retiro -contaba una persona- encuentra a su vecino buscando algo de rodillas en plena calle.

   -¿Qué haces?

   -Busco la llave de mi casa, la he perdido.

   Y arrodillados los dos se ponen a buscarla.

   Al cabo de un rato, pregunta el vecino: ¿Donde la perdiste?

   -En casa.

   Santo Dios, ¿por qué la buscas aquí?

   -Porque aquí hay más luz.

   De pronto me dio un ataque de risa que no podía parar.

   El sacerdote me pregunta: ¿De qué te ríes?

   Le respondí: del cuento.

   -Es muy cierto: ¿Qué hacemos buscando cosas que se nos han perdido en lugares donde no están?

   -Correcto, respondió el sacerdote, que añadió:

   Este es el cuento “El canto del pájaro” del jesuita Tony de Mello y su Moraleja es: “¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos, si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?”.

                           

Francisco Tomás Ortuño                           

  

 

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