Jubilación.
27 febrero 2.026 San Gregorio 58 – 307 Sol; 7´52 a 19 Luna: 14´33 a 6´15 del 28. Luna llena: el 3 en Virgo.
Murcia, viernes, sin novedad en casa, gracias a Dios.
PIENSA: A pesar de todo, creo que la gente es muy buena de corazón.
SIGUE PENSANDO: - Lo importante no es que yo te busque, sino que tú me buscas en todos los caminos.
- Lo importante no es que yo te llame, sino que tu tengas tatuado el mío en la palma de tu mano.
- Lo importante no es que yo te grite, sino que tú gimas en mí con tu grito.
- Lo importante no es que yo tenga proyectos para ti, sino que tú me invites a caminar contigo.
- Lo importante no es que yo te comprenda, sino que tú me comprendas.
- Lo importante no es que yo hable de ti con sabiduría, sino que tú vivas en mí y te lo exprese a mi manera.
-Lo importante no es que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas.
Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte, si tú no me buscas, me llamas y me amas primero? El silencio agradecido es mi última palabra, mi mejor manera de encontrarte.
Francisco Tomás Ortuño
A Serafina se le anticipa la fecha de jubilarse. ¿Qué piensas, Serafina, hoy? ¿Habrá encajado bien la noticia? Ha venido al Colegio una compañera nombrada por la Dirección Provincial, de apoyo hasta noviembre en qué ella se jubila.
Desde entonces Serafina a casa y la nueva profesora ocupa su puesto. Por bien de los niños les he propuesto a las dos adelantar el cambio que se habría de producir más tarde. Y hemos acordado que sea el próximo lunes, día primero de octubre.
¿A quién no le asusta la jubilación? Y es que mientras que se trabaja no nos acordamos de ella. Creemos que no va a llegar, que el tiempo está detenido, que eso de la jubilación no va con nosotros.
Queremos engañarnos o escondernos para que no nos advierta, pero todo es inútil. Cuando termina de caer ese pequeñísimo grano que marca el final, un campanazo a nuestro lado nos dice sin piedad: “¡La hora, fuera, hay que partir!”.
La maestra sustituta llegó temprano. Serafina estaba con los niños cuando yo subí a decírselo. El campanazo lo recibió con aparente calma. Ese aviso es de ella solo, solo de ella, como su vida.
Habrá pensado mucho en él, y he sido yo el encargado de propinárselo esta mañana. “No sé si la noticia que te voy a dar es buena o mala para ti”, le he dicho. “Perdona, Serafina, son gajes del oficio”.
“Yo soy el instrumento de recordarte que la edad del cambio por la jubilación ha llegado para ti”, he seguido. He hablado con Salvador Ortiz, compañero nuestro. “¿Cómo te encuentras, Salvador? Y él me ha contestado que encantado de la vida”.
Eso quisiera que dijeras tú, Serafina, a la vuelta de unos meses, cuando el estruendo y la polvareda del campanazo inmisericorde hayan pasado, cuando las aguas vuelvan a discurrir serenas.
Los alumnos en prácticas se han presentado hoy en el Colegio. Hemos hablado en mi despacho. Les he mostrado las clases. Se hicieron amigos pronto de los amables profesores. Luego volvimos a reunirnos. Estaban encantados del recibimiento. Hasta diciembre seguirán con nosotros.
Francisco Tomás Ortuño
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