Apagaluces.
1 Febrero 2.026: San Trifón y “cumple” de mi nuera Toñi. Feliz en tu viaje y que cumplas mas que tu suegro. Año: 32 días idos por 333 sin ir.
Murcia, sábado, las nueve y sin novedad gracias a Dios.
A MODO DE CUENTO:
La casa de los Rodríguez amaneció luminosa, cuajada de bombillas encendidas. Era un ascua de luz. Y la luz equivalía a felicidad en sus moradores. ¡Qué rostros de alegría había en la casa de los Rodríguez cuando se levantaban!
Un día quisieron compartir su alegría con un amigo que vivía solo y estaba triste. “¿Qué mejor que compartir nuestra alegría con otra persona?”, se dijeron.
Dicho y hecho. Un nuevo miembro formó parte de la familia desde entonces. Pero este individuo tenía una manía, que era apagar luces, y con las luces la casa perdía alegría.
Los demás procuraban encender las luces apagadas, pero los rincones oscuros iban ganando terreno a las zonas luminosas. El nuevo inquilino ensombrecía la casa, la llenaba de sombras, de lagunas oscuras, de tinieblas.
Y con la luz se marchaba la alegría y aparecían los malos modos y las disputas, la tensión y el malestar. A veces se lograba todas encendidas de nuevo, alegría a rebosar. Se recordaban otros tiempos parecidos.
Pero pronto, con la obsesión o tendencia de apagar bombillas, renacían las pendencias, en ocasiones preocupantes por demás, se llegaba a tal extremo de sombras que los nervios afloraban peligrosamente en todos los miembros de la familia.
Cuando se vio que la manía de apagar luces era incurable y añoraron otros tiempos y quisieron volver a ellos, dijeron al invitado que volviera a su casa, y la familia Rodríguez volvió a disfrutar de nuevo como antes de luz y contento.
Francisco Tomás Ortuño
Otra versión del mismo cuento:
Érase una persona que llevaba siempre muchas bombillas encendidas. Y con sus luces encendidas era feliz y se sentía bien. Más pronto vio que había personas que, solo con su proximidad, apagaban sus luces.
Fue un gran descubrimiento para él. Unas personas no influían para nada en sus bombillas, pero otras le restaban luz. Cuando lo hubo descubierto, se fijó en las personas que lo apagaban, y consecuentemente, lo ponían triste y nervioso.
Los fue conociendo uno por uno. Invariablemente, por contagio, las mismas personas le robaban la paz. Para evitarlo se puso en guardia y hasta probó sus estrategias para que no le cogieran desprevenido.
Vigilaba con disimulo. Lo conseguía unas veces, pero otras, al menor descuido, veía su persona ensombrecida y caía en depresiones patológicas.
El paso definitivo fue un nuevo descubrimiento. Como alejado de estas personas era de natural alegre, pletórico de luz y felicidad, tan pronto como una de ellas se acercaba, huía como del mismo demonio, evitaba a toda costa su proximidad.
Sabía que le molestaba, que producía tales efectos, que le era nefasta en su vida. No solo se apartaba de ella con disimulo, pensaba que estas personas actuaban así sin querer, sin saberlo, sin proponérselo.
Eran como polos opuestos de un mismo imán, y no estaba en ellas actuar de otro modo. La rechazaba en silencio, como quien se aparta de un olor que le produce nauseas o de un polvillo que le causa alergia.
Y de esta forma empezó una etapa nueva en su vida, con optimismo y alegría, sin tensiones interiores que tanto le martirizaban antes.
Francisco Tomás Ortuño
PINTARSE LAS UÑAS:
Los egipcios y los chinos fueron los primeros en crear pigmentos para colorear sus manos. En ambas culturas, colorear las uñas implicaba un estatus social que le correspondía a la realeza.
Por lo general, la coloración se realizaba con pigmentos naturales. Los egipcios con henna para dar una tonalidad anaranjada, que con el tiempo se volvía marrón oscuro o negro si se deseaba.
La reina Nefertiti y el rey Akenatón, sin embargo, llevaban las uñas pintadas de color rojo rubí y Cleopatra las tenía de color rojo oscuro.
En la antigua cultura China, se consideraban el rojo, los colores metalicos (derivados del oro y la plata) y el negro, como los colores propios para pintar las uñas de la realeza.
En la dinastía Ming (años 1388 a 1644) las técnicas evolucionaron un poco y se comenzaron a usar mezclas de productos como cera de abeja, clara de huevo, gelatina, tintes vegetales y goma arábiga para fijar mejor el color.
La tendencia hoy es llevarlas multicolores o manicura arco iris, cada uña de un tono diferente, ligeramente similar o muy diferente al resto. También es moda llevarlas pintadas todas iguales menos la del dedo anular.
Francisco Tomás Ortuño
Y AHORA A REÍR:
- ¿Me dice su apellido?
- Aquino.
- Bueno, vamos fuera y me lo dice.
- Aquino.
- ¿Aquí tampoco? ¿Entonces, dónde?
- ¡Qué haces, cariño?
- Me echo crema.
- ¿Con los ojos cerrados?
- Es que el bote dice Nivea.
Doctor, cuando subo la pendiente para llegar a mi casa me fatigo mucho, ¿qué me aconseja tomar?
-Un taxi, señor.
-¿Qúé significa “why” en inglés?
-¿Por qué?
-Por saberlo.
Mi hermana odia que invadan su privacidad, lo dice bien claro en su Diario.
Francisco Tomás Ortuño
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