A la vejez, viruelas.
3 Febrero 2026 San Blas Año: 34 – 331; Sol: 8´22 a 18´35; Luna: 20´35 a 9´41 Cuarto menguante: el 9 en Escorpio.
Murcia, martes, las ocho, sin novedad, gracias a Dios. Ángel se fue a las nueve a reunirse con su familia.
PIENSA: No sirve para vivir quien no vive para servir. Papa Francisco.
30 marzo 1991: Sábado Santo. La vida sigue su curso, tranquilo aquí tumultuoso allá, como un globo gigante, la tierra gira y gira. A nosotros toca el asombro y esperar que un día se nos revele el misterio de esta marcha sempiterna. En el Quijote he leído: “Dios nos echó al mundo, Él sabrá para qué”. Capítulo 11 de la segunda parte. Yo digo lo mismo.
Mamá restaura un cuadro de Pedro Flores. Miguel estudia, Ángel hace lo mismo, Francis llamó desde Alicante. ¿Y qué hace Francis por Alicante? Lina se asea en el baño, Pascual vive a tope la Semana Santa, para poco en casa, está más fuera que dentro.
Por las calles de Murcia hay mucha gente, por la Gran Vía esta mañana yo miraba a cuántos me cruzaba: muchos eran extranjeros, se veía a la legua en su porte, en el color, en la manera de vestir.
Unos me han preguntado: “¿Dónde podemos comer?”. En Murcia hay muchos sitios donde comer: restaurantes chinos, bares, tascas, barracas huertanas… ¿Y dormir? Lo mismo: hay hoteles para elegir.
La mayoría de la gente viene con su coche de los pueblos cercanos. Es gente de paso, de pocas horas; los menos vienen a conocer durante unos días las procesiones, las esculturas de Salzillo, la Catedral, gente que va en grupos por donde los llevan.
Mamá vuelve de su taller, Ángel toca el piano, Miguel se prepara para salir, yo veré en la tele un partido de fútbol: Madrid – Barcelona, que no se lo salta un galgo. Un día más que irá a reunirse con los que ya se fueron.
Lunes precioso con sol y sin viento, en Murcia comienzan las Fiestas de Primavera: los bandos de la huerta, las carrozas, las barracas, los chiringuitos… pero en los pueblos, donde solo hay procesiones, dirán con razón que “A la vejez viruelas”.
Aquí, como alguien dijo: “Ayer, mejor o peor, a trancas y barrancas, con miedos y temores, entre nubes amenazadoras o gélidas fríos, todas las procesiones salieron y se lucieron”.
Así vimos nosotros ayer -Pascual, Toñi, mamá y un servidor- la del Resucitado en Jumilla. Amenazas, nublados, vientos… pero al final procesión y caramelos. Joaquín, mi cuñado, decía: “Aprovechemos este corte para comernos una empanada”. Y entrábamos casa de su suegro.
Luego nos reunimos los cuatro hermanos casa de José María y comimos más empanadas y bebimos cerveza. ¡Cómo gozaba Juana poniendo aperitivos en la mesa! Después a Santa Ana.
En Santa Ana hubo que comer de nuevo. Así, picando aquí allá cumplimos con el sagrado deber de la comida. Amós andaba un tanto mohíno por lo ocurrido a su coche: en el camino se le paró y hubo que andar de grúas y de autobús para llegar.
Bueno, hermano, que todo lo malo que venga sea eso, y felicidades por el Santo. Tú eres listo y lo comprendes. Hay cosas en la vida que molestan pero que hay que verlas en su justo valor. Quienes se hunden por nimiedades, no van a ninguna parte.
Este pensamiento me ha salido en verso y todo. Y es que como ando con Sancho Panza de amigo, quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija.
Francisco Tomás Ortuño.
Pensar:
Hay que saber lo que se quiere: cuando se quiere hay que tener el valor de decirlo; y cuando se dice es menester tener el coraje de realizarlo.
Al ver cerca la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos resultan insoportablemente banales.
Dicen que los amigos se ven en las dificultades, cuando los necesitasa. Yo digo que los amigos los ves en la fortuna, cuando las cosas te van bien, y el amigo se queda atrás y tú sigues yendo, y cada paso que das hacia adelante es para el amigo como un rapapolvo, o incluso un insulto. entonces ves al amigo que se alegra de tu suerte sin reservas. Pero si no es realmente tu amigo, la carcoma de la envidia entra en su corazón y lo corroe.
La Suprema sabiduría y más noble, conoce la aniquilación de todo el sufrimiento. La suprema paz y más noble, el apaciguamiento de la avidez, del odio y de la ofuscación.
Francisco Tomás Ortuño
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